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Cuando llega el buen tiempo a España, la vida se traslada a las plazas y las calles. Uno de los elementos más vibrantes de esta cultura al aire libre es, sin duda, el teatro de calle. Durante los meses de verano, cientos de festivales transforman los centros históricos de ciudades y pueblos en escenarios vivos donde la improvisación y la cercanía con el público son las protagonistas absolutas.
A diferencia del teatro convencional, donde el espectador compra una entrada y se sienta en silencio, el teatro de calle busca la participación activa. Los actores no solo recitan versos, sino que interactúan con los transeúntes, juegan con el entorno arquitectónico y adaptan su actuación a lo que sucede en ese preciso instante. Es un arte efímero que depende completamente de la energía del momento.
España tiene una larga tradición de espectáculos populares que se remontan a los antiguos juglares y cómicos de la legua.