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Mi habitación de hotel
Llego al hotel desde una calle con ruido. Hay coches, maletas y voces en la puerta. Yo quiero una habitación tranquila. No quiero dormir con ese ruido. En recepción hay una persona libre. Le pregunto: «¿Tiene una habitación tranquila?». Responde: «Sí. Esta da al patio, no a la calle». Me da una tarjeta. No es una llave grande de metal.
Subo y busco la puerta de mi habitación. Paso la tarjeta y la puerta se abre. Entro y cierro enseguida. El ruido de la recepción desaparece. Me quedo un segundo en silencio y escucho. En el pasillo hay pasos, pero dentro ya hay calma. Eso es lo que quiero oír.
La habitación es pequeña. Hay una cama con sábana blanca, una lámpara y una ventana. Abro la ventana. El patio está abajo, con plantas y sin coches.