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La escultura urbana se ha convertido en un elemento distintivo del paisaje de las ciudades españolas, transformando espacios públicos en galerías al aire libre. Desde las plazas históricas de Madrid hasta los paseos marítimos de Barcelona, las esculturas urbanas dialogan con el entorno arquitectónico y social, creando puntos de encuentro entre el arte y la vida cotidiana. Esta forma de arte público no solo embellece las ciudades, sino que también cuenta historias, conmemora eventos y fomenta la reflexión sobre la identidad colectiva.
La tradición de la escultura urbana en España tiene sus raíces en la época romana, cuando estatuas y monumentos adornaban foros y templos. Durante el Renacimiento y el Barroco, las ciudades españolas se llenaron de esculturas religiosas y monumentos conmemorativos que definieron el espacio público. El siglo XIX trajo una oleada de monumentos a figuras históricas, mientras que