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Semillas de tomate
Hugo quiere comer un tomate de su propia planta. En la comida abre uno maduro. Es rojo, jugoso y sabroso, y dentro hay muchas semillas. Son pequeñas, planas y de color beige claro. Hugo las saca, las deja en un plato y el plato se queda junto a la ventana de la cocina hasta que están secas.
Cuando las semillas están secas, prepara una maceta con tierra. Quiere guardarlas muy bien, así que las hunde hondo y echa mucha tierra encima. Riega un poco y espera. Pasan unos días. La superficie sigue igual. No sale ninguna hoja.
Hugo busca con un dedo y encuentra las semillas todavía abajo, quietas. Su tía Rosa mira la maceta. Están demasiado profundas, dice. Una semilla de tomate es pequeña y plana, y solo necesita una capa fina de tierra, un sitio cálido y la tierra húmeda.