El Camino de Santiago

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El Camino de Santiago

Marta abre los ojos en el albergue y, antes de tocar las botas, busca la credencial. Es el papel donde ponen los sellos del camino. Quiere llegar a Santiago de Compostela, entrar en la catedral y abrazar la estatua del apóstol Santiago. Con esa credencial puede pedir después la Compostela, el documento de quien recorre a pie los últimos cien kilómetros. Por eso guarda el papel en el bolsillo delantero y se levanta cuando la cocina aún está en silencio.

El albergue es una casa sencilla para peregrinos. Hay camas y una cocina. Marta deja las botas junto a la puerta, come pan, llena la botella de agua y mete en la mochila una manzana y una camiseta seca. No lleva nada de más, porque en el camino cada cosa pesa después de unas horas. En la puerta hay una flecha amarilla.