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No sé hasta qué punto sea lícito hacer uso de confidencias vertidas en el seno de la más íntima amistad y llevar al público opiniones o apreciaciones que no las destinaba a él quien las profiriera . Y Goti ha cometido en su prólogo la indiscreción de publicar juicios míos que nunca tuve intención de que se hiciesen públicos . O por lo menos nunca quise que se publicaran con la crudeza con que en privado los exponía . Y respecto a su afirmación de que el desgraciado . . . Aunque , desgraciado , ¿ por qué ? Bien ; supongamos que lo hubiese sido . Su afirmación , digo , de que el desgraciado , o lo que fuese , Augusto Pérez se suicidó y no murió como yo cuento su muerte , es decir , por mi libérrimo albedrío y decisión , es cosa que me hace sonreír . Opiniones hay , en efecto , que no merecen sino una sonrisa . Y debe de andarse mi amigo y prologuista Goti con mucho tiento en discutir así mis decisiones , porque si me fastidia mucho acabaré por hacer con él lo que con su amigo Pérez hice , y es que le dejaré morir o le mataré a guisa de médico . Los cuales ya saben mis lectores que se mueven en este dilema : o dejan morir al enfermo por miedo a matarle , o le matan por miedo de que se les muera . Y así yo soy capaz de matar a Goti si veo que se me va a morir , o de dejarle morir si temo haber de matarle . Y no quiero prolongar más este post - prólogo , que es lo bastante para darle la alternativa a mi amigo Víctor Goti , a quien agradezco su trabajo . M . de U . NIEBLA I Al aparecer Augusto a la puerta de su casa extendió el brazo derecho , con la mano palma abajo y abierta , y dirigiendo los ojos al cielo quedóse un momento parado en esta actitud estatuaria y augusta . No era que tomaba posesión del mundo exterior , sino era que observaba si llovía . Y al recibir en el dorso de la mano el frescor del lento orvallo frunció el sobrecejo . Y no era tampoco que le molestase la llovizna , sino el tener que abrir el paraguas . ¡ Estaba tan elegante , tan esbelto , plegado y dentro de su funda ! Un paraguas cerrado es tan elegante como es feo un paraguas abierto . « Es una desgracia esto de tener que servirse uno de las cosas — pensó Augusto — ; tener que usarlas . El uso estropea y hasta destruye toda belleza . La función más noble de los objetos es la de ser contemplados . ¡ Qué bella es una naranja antes de comida ! Esto cambiará en el cielo , cuando todo nuestro oficio se reduzca , o más bien se ensanche a contemplar a Dios y todas las cosas en Él . Aquí , en esta pobre vida , no nos cuidamos sino de servirnos de Dios ; pretendemos abrirlo , como a un paraguas , para que nos proteja de toda suerte de males . »
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