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— ¡ Tiene usted un corazón de oro ! — exclamó doña Ermelinda . — Ahora sólo falta , señora , que convenza a su sobrina de cuáles han sido mis verdaderas intenciones , y que si lo de deshipotecar la casa fué una impertinencia me la perdone . Pero me parece que no es cosa ya de volver atrás . Si ella quiere seré yo padrino de la boda . Y luego emprenderé un largo y lejano viaje . Doña Ermelinda llamó a la criada , a la que dijo que llamase a Eugenia , pues don Augusto deseaba hablar con ella . « La señorita acaba de salir » , contestó la criada . XVI — Eres imposible , Mauricio — le decía Eugenia a su novio , en el cuchitril aquel de la portería — , completamente imposible , y si sigues así , si no sacudes esa pachorra , si no haces algo para buscarte una colocación y que podamos casarnos , soy capaz de cualquier disparate . — ¿ De qué disparate ? Vamos , di , rica — y le acariciaba el cuello ensortijándose en uno de sus dedos un rizo de la nuca de la muchacha . — Mira , si quieres , nos casamos así y yo seguiré trabajando . . . para los dos . — Pero ¿ y qué dirán de mí , mujer , si acepto semejante cosa ? — ¿ Y a mí qué me importa lo que de ti digan ? — ¡ Hombre , hombre , eso es grave ! — Sí , a mí no me importa eso ; lo que yo quiero es que esto se acabe cuanto antes . . . — ¿ Tan mal nos va ? — Sí , nos va mal , muy mal . Y si no te decides soy capaz de . . . — ¿ De qué , vamos ? — De aceptar el sacrificio de don Augusto . — ¿ De casarte con él ? — ¡ No , eso nunca ! De recobrar mi finca . — Pues ¡ hazlo , rica , hazlo ! Si ésa es la solución y no otra . . . — Y te atreves . . . — ¡ Pues no he de atreverme ! Ese pobre don Augusto me parece a mí que no anda bien de la cabeza , y pues ha tenido ese capricho , no creo que debemos molestarle . . . — De modo que tú . . . — Pues ¡ claro está , rica , claro está ! — Hombre al fin y al cabo . — No tanto como tú quisieras , según te explicas . Pero ven acá . . . — Vamos , déjame , Mauricio ; ya te he dicho cien veces que no seas . . . — Que no sea cariñoso . . . — ¡ No , que no seas . . . bruto ! Estate quieto . Y si quieres más confianzas sacude esa pereza , busca de veras trabajo , y lo demás ya lo sabes . Conque , a ver si tienes juicio , ¿ eh ? Mira que ya otra vez te di una bofetada . — ¡ Y bien que me supo ! ¡ Anda , rica , dame otra ! Mira , aquí tienes mi cara . . . — No lo digas mucho . . . — ¡ Anda , vamos ! — No , no quiero darte ese gusto . — ¿ Ni otro ? — Te he dicho que no seas bruto . Y te repito que si no te das prisa a buscar trabajo soy capaz de aceptar eso . — Pues bien , Eugenia , ¿ quieres que te hable con el corazón en la mano , la verdad , toda la verdad ? — ¡ Habla ! — Yo te quiero mucho , pero mucho , estoy completamente chalado por ti , pero eso del matrimonio me asusta , me da un miedo atroz . Yo nací haragán por temperamento , no te lo niego ; lo que más me molesta es tener que trabajar , y preveo que si nos casamos , y como supongo que tú querrás que tengamos hijos . . .
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