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— ¿ Conque no , eh ? — me dijo — ¿ conque no ? No quiere usted dejarme ser yo , salir de la niebla , vivir , vivir , vivir , verme , oírme , tocarme , sentirme , dolerme , serme ; ¿ conque no lo quiere ? ¿ conque he de morir ente de ficción ? Pues bien , mi señor creador don Miguel , ¡ también usted se morirá , también usted , y se volverá a la nada de que salió . . . ! ¡ Dios dejará de soñarle ! ¡ Se morirá usted , sí , se morirá , aunque no lo quiera ; se morirá usted y se morirán todos los que lean mi historia , todos , todos , todos , sin quedar uno ! ¡ Entes de ficción como yo ; lo mismo que yo ! Se morirán todos , todos , todos . Os lo digo yo , Augusto Pérez , ente ficticio como vosotros , nivolesco lo mismo que vosotros . Porque usted , mi creador , mi don Miguel , no es usted más que otro ente nivolesco , y entes nivolescos sus lectores , lo mismo que yo , que Augusto Pérez , que su víctima . . . — ¿ Víctima ? — exclamé . — ¡ Víctima , sí ! ¡ Crearme para dejarme morir ! ¡ Usted también se morirá ! El que crea se crea y el que se crea se muere . ¡ Morirá usted , don Miguel , morirá usted , y morirán todos los que me piensen ! ¡ A morir , pues ! Este supremo esfuerzo de pasión de vida , de ansia de inmortalidad , le dejó extenuado al pobre Augusto . Y le empujé a la puerta , por la que salió cabizbajo . Luego se tanteó como si dudase ya de su propia existencia . Yo me enjugué una lágrima furtiva . XXXII Aquella misma noche se partió Augusto de esta ciudad de Salamanca adonde vino a verme . Fuése con la sentencia de muerte sobre el corazón y convencido de que no le sería ya hacedero , aunque lo intentara , suicidarse . El pobrecillo , recordando mi sentencia , procuraba alargar lo más posible su vuelta a su casa , pero una misteriosa atracción , un impulso íntimo le arrastraba a ella . Su viaje fué lamentable . Iba en el tren contando los minutos , pero contándolos al pie de la letra : uno , dos , tres , cuatro . . . Todas sus desventuras , todo el triste ensueño de sus amores con Eugenia y con Rosario , toda la historia tragicómica de su frustrado casamiento habíanse borrado de su memoria o habíanse más bien fundido en una niebla . Apenas si sentía el contacto del asiento sobre que descansaba ni el peso de su propio cuerpo . « ¿ Será verdad que no existo realmente ? — se decía — ¿ tendrá razón este hombre al decir que no soy más que un producto de su fantasía , un puro ente de ficción ? » Tristísima , dolorosísima había sido últimamente su vida , pero le era mucho más triste , le era más doloroso pensar que todo ello no hubiese sido sino sueño , y no sueño de él , sino sueño mío . La nada le parecía más pavorosa que el dolor . ¡ Soñar uno que vive . . . pase , pero que le sueñe otro . . . ! « Y ¿ por qué no he de existir yo ? — se decía — ¿ por qué ? Supongamos que es verdad que ese hombre me ha fingido , me ha soñado , me ha producido en su imaginación ; pero ¿ no vivo ya en las de otros , en las de aquellos que lean el relato de mi vida ? Y si vivo así en las fantasías de varios , ¿ no es acaso real lo que es de varios y no de uno solo ? Y ¿ por qué surgiendo de las páginas del libro en que se deposite el relato de mi ficticia vida , o más bien de las mentes de aquellos que la lean — de vosotros , los que ahora la leéis — , por qué no he de existir como un alma eterna y eternamente dolorosa ? ¿ por qué ? »
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