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Despidiéronse y Augusto salió a la calle como alijerado de un gran peso y hasta gozoso . Nunca hubiera presupuesto lo que le pasaba por dentro del espíritu . Aquella manera de habérsele presentado Eugenia la primera vez que se vieron de quieto y de cerca y que se hablaron , lejos de dolerle , encendíale más y le animaba . El mundo le parecía más grande , el aire más puro y más azul el cielo . Era como si respirase por vez primera . En lo más íntimo de sus oídos cantaba aquella palabra de su madre : ¡ cásate ! Casi todas las mujeres con que cruzaba por la calle parecíanle guapas , muchas hermosísimas y ninguna fea . Diríase que para él empezaba a estar el mundo iluminado por una nueva luz misteriosa desde dos grandes estrellas invisibles que refulgían más allá del azul del cielo , detrás de su aparente bóveda . Empezaba a conocer el mundo . Y sin saber cómo se puso a pensar en la profunda fuente de la confusión vulgar entre el pecado de la carne y la caída de nuestros primeros padres por haber probado del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal . Y meditó en la doctrina de don Fermín sobre el origen del conocimiento . Llegó a casa , y al salir Orfeo a recibirle lo cojió en sus brazos , le acarició y le dijo : « Hoy empezamos una nueva vida , Orfeo . ¿ No sientes que el mundo es más grande , más puro el aire y más azul el cielo ? ¡ Ah , cuando la veas , Orfeo , cuando la conozcas . . . ! ¡ Entonces sentirás la congoja de no ser más que perro como yo siento la de no ser más que hombre ! Y dime , Orfeo , ¿ cómo podéis conocer si no pecáis , si vuestro conocimiento no es pecado ? El conocimiento que no es pecado no es tal conocimiento , no es racional » . Al servirle la comida su fiel Liduvina se le quedó mirando . — ¿ Qué miras ? — preguntó Augusto . — Me parece que hay mudanza . — ¿ De dónde sacas eso ? — El señorito tiene otra cara . — ¿ Lo crees ? — Naturalmente . ¿ Y qué , se arregla lo de la pianista ? — ¡ Liduvina ! ¡ Liduvina ! — Tiene usted razón , señorito ; pero ¡ me interesa tanto su felicidad ! — ¿ Quién sabe qué es eso ? . . . — Es verdad . Y los dos miraron al suelo , como si el secreto de la felicidad estuviese debajo de él . IX Al día siguiente de esto hablaba Eugenia en el reducido cuchitril de una portería con un joven , mientras la portera había salido discretamente a tomar el fresco a la puerta de la casa . — Es menester que esto se acabe , Mauricio — decía Eugenia — ; así no podemos seguir , y menos después de lo que te digo pasó ayer . — Pero ¿ no dices — dijo el llamado Mauricio — que ese pretendiente es un pobre panoli que vive en Babia ? — Sí , pero tiene dinero y mi tía no me va a dejar en paz . Y , la verdad , no me gusta hacer feos a nadie , y tampoco quiero que me estén dando la jaqueca . — ¡ Despáchale ! — ¿ De dónde ? ¿ de casa de mis tíos ? ¿ Y si ellos no quieren ?
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