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LA VEJEZ NIVELADORA I . — Las canas . Encanecer es una cosa muy triste ; las canas son un mensaje de la Naturaleza que nos advierte la proximidad del crepúsculo . Y no hay remedio . Arrancarse la primera — ¿ quién no lo hace ? — es como quitar el badajo á la campana que toca el Angelus , pretendiendo con ello prolongar el día . Las canas visibles corresponden á otras más graves que no vemos ; el cerebro y el corazón , todo el espíritu y toda la ternura , encanecen al mismo tiempo que la cabellera . El alma de fuego bajo la ceniza de los años es una metáfora literaria , desgraciadamente incierta . La ceniza ahoga á la llama y protege á la brasa . El ingenio es la llama ; la brasa es la mediocridad . Las verdades generales no son irrespetuosas ; dejan entreabierta una rendija por donde escapan las excepciones particulares . ¿ Por qué no decir la conclusión desconsoladora ? Ser viejo es ser mediocre , con rara excepción . La máxima desdicha de un hombre superior es sobrevivirse á sí mismo , nivelándose con los demás . ¡ Cuántos se suicidarían si pudieran advertir ese pasaje terrible del hombre que piensa al hombre que vegeta , del que empuja al que es arrastrado , del que ara surcos nuevos al que se esclaviza en las huellas de la rutina ! Vejez y mediocridad suelen ser desdichas paralelas . El « genio y figura , hasta la sepultura » , es una excepción muy rara en los hombres de ingenio excelente , si son longevos ; suele confirmarse cuando mueren á tiempo , antes de que la fatal opacidad crepuscular empañe los deslumbramientos del espíritu . En general , si mueren tarde , una pausada neblina comienza á velar su mente con los achaques de la vejez ; si la muerte se empeña en no venir , los genios tórnanse extraños á sí mismos , supervivencia que los lleva á no comprender su propia obra . Les sucede como á un astrónomo que perdiera su telescopio y acabara por dudar de sus anteriores descubrimientos , al verse imposibilitado para confirmarlos á simple vista . La decadencia del hombre que envejece está representada por una regresión sistemática de la intelectualidad . Al principio la vejez mediocriza á todo hombre superior ; más tarde la decrepitud inferioriza al viejo ya mediocre . Tal afirmación es un simple corolario de verdades biológicas . La personalidad humana es una formación continua , no una entidad fija ; se organiza y se desorganiza , evoluciona é involuciona , crece y se amengua , se intensifica y se agota . Hay un momento en que alcanza su máxima plenitud ; después de esa época es incapaz de acrecentarse y pronto suelen advertirse los síntomas iniciales del descenso , los parpadeos de la llama interior que se apaga . Cuando el cuerpo se niega á servir todas nuestras intenciones y deseos , ó cuando éstos son medidos en previsión de fracasos posibles , podemos afirmar que ha comenzado la vejez . Detenerse á meditar una intención es matarla ; el hielo invade traidoramente el corazón y la personalidad más libre se amansa y domestica . La rutina es el estigma mental de la vejez ; el ahorro es su estigma social . El hombre envejece cuando el cálculo utilitario reemplaza á la alegría juvenil .
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