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— ¡ Por favor te pido ! — lloriqueó ante el capitán — ¡ No me bajen en Puerto X ! ¡ Me van a matar ! … ¡ Te lo pido de veras ! … El Silex volvió a Posadas , llevando con él al mensú empapado aún en pesadillas nocturnas . Pero a los diez minutos de bajar a tierra , estaba ya borracho , con nueva contrata , y se encaminaba tambaleando a comprar extractos . YAGUAÍ Ahora bien , no podía ser sino allí . Yaguaí olfateó la piedra — un sólido bloque de mineral de hierro — y dió una cautelosa vuelta en torno . Bajo el sol a mediodía de Misiones , el aire vibraba sobre el negro peñasco , fenómeno éste que no seducía al fox - terrier . Allí abajo , sin embargo , estaba la lagartija . Giró nuevamente alrededor , resopló en un intersticio , y , para honor de la raza , rascó un instante el bloque ardiente . Hecho lo cual regresó con paso perezoso , que no impedía un sistemático olfateo a ambos lados . Entró en el comedor , echándose entre el aparador y la pared , fresco refugio que él consideraba como suyo , a pesar de tener en su contra la opinión de toda la casa . Pero el sombrío rincón , admirable cuando a la depresión de la atmósfera acompaña la falta de aire , tornábase imposible en un día de viento norte . Era éste un flamante conocimiento del fox - terrier , en quien luchaba aún la herencia del país templado — Buenos Aires , patria de sus abuelos y suya — donde sucede precisamente lo contrario . Salió , por lo tanto , afuera , y se sentó bajo un naranjo , en pleno viento de fuego , pero que facilitaba inmensamente la respiración . Y como los perros transpiran muy poco , Yaguaí apreciaba cuanto es debido el viento evaporizador sobre la lengua danzante puesta a su paso . El termómetro alcanzaba en ese momento a 40 ° . Pero los fox - terriers de buena cuna son singularmente falaces en cuanto a promesas de quietud se refiera . Bajo aquel mediodía de fuego , sobre la meseta volcánica que la roja arena tornaba aún más calcinante , había lagartijas . Con la boca ahora cerrada , Yaguaí transpuso el tejido de alambre y se halló en pleno campo de caza . Desde septiembre no había logrado otra ocupación a las siestas bravas . Esta vez rastreó cuatro de las pocas que quedaban ya , cazó tres , perdió una , y se fué entonces a bañar . A cien metros de la casa , en la base de la meseta y a orillas del bananal , existía un pozo en piedra viva de factura y forma originales , pues siendo comenzado a dinamita por un profesional , habíalo concluído un aficionado con pala de punta . Verdad es que no medía sino dos metros de hondura , tendiéndose en larga escarpa por un lado , a modo de tajamar . Su fuente , bien que superficial , resistía a secas de dos meses , lo que es bien meritorio en Misiones .
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