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Perdió , luego , el conocimiento . Los dos días finales deliró sin cesar a media voz . Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala . En el silencio agónico de la casa , no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama , y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán . Murió , por fin . La sirvienta , que entró después a deshacer la cama , sola ya , miró un rato extrañada el almohadón . — Señor — llamó a Jordán en voz baja . — En el almohadón hay manchas que parecen de sangre . Jordán se acercó rápidamente y se dobló a su vez . Efectivamente , sobre la funda , a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia , se veían manchas de sangre . — Parecen picaduras — murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación . — Levántelo a la luz — le dijo Jordán . La sirvienta lo levantó , pero en seguida lo dejó caer , y se quedó mirando a aquél , lívida y temblando . Sin saber por qué , Jordán sintió que los cabellos se le erizaban . — ¿ Qué hay ? — murmuró con la voz ronca . — Pesa mucho — articuló la sirvienta , sin dejar de temblar . Jordán lo levantó ; pesaba extraordinariamente . Salieron con él , y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo . Las plumas superiores volaron , y la sirvienta dió un grito de horror con toda la boca abierta , llevándose las manos crispadas a los bandós : — sobre el fondo , entre las plumas , moviendo lentamente las patas velludas , había un animal monstruoso , una bola viviente y viscosa . Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca . Noche a noche , desde que Alicia había caído en cama , había aplicado sigilosamente su boca — su trompa , mejor dicho — a las sientes de aquella , chupándole la sangre . La picadura era casi imperceptible . La remoción diaria del almohadón había impedido sin duda su desarrollo , pero desde que la joven no pudo moverse , la succión fué vertiginosa . En cinco días , en cinco noches , había vaciado a Alicia . Estos parásitos de las aves , diminutos en el medio habitual , llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes . La sangre humana parece serles particularmente favorable , y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma . EL PERRO RABIOSO El 20 de marzo de este año , los vecinos de un pueblo del Chaco santafecino persiguieron a un hombre rabioso que en pos de descargar su escopeta contra su mujer , mató de un tiro a un peón que cruzaba delante de él . Los vecinos , armados , lo rastrearon en el monte como a una fiera , hallándolo por fin trepado en un árbol , con su escopeta aún , y aullando de un modo horrible . Viéronse en la necesidad de matarlo de un tiro . * * * * * Marzo 9 —
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