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Yo había leído aquellas cartas suplicantes y reiteradas , y las había hecho pedazos sin dar cuenta a Margarita de su contenido , y sin dejar que volviera a recibir al viejo , por más que a mí me lo aconsejara un sentimiento de compasión hacia el dolor de aquel hombre , porque temía que ella viese en semejante consejo el deseo de echar sobre el duque las obligaciones de la casa , en cambio del permiso para sus nuevas visitas , y me molestaba sobre todo , que me pudiese creer capaz de declinar semejante responsabilidad con todas sus consecuencias . Viendo el duque que no recibía contestación alguna , dejó de escribir , y Margarita y yo seguimos amándonos sin preocuparnos del porvenir . CAPÍTULO XVIII Resultaría una tarea harto pesada explicar con todos sus pormenores la vida que llevábamos , compuesta de una serie de niñerías sublimes y encantadoras para nosotros , aunque insignificantes para cualquier otro . Vos sabéis lo que es amar a una mujer ; cómo se acortan los días y con qué grata pereza nos dejamos arrastrar de un día a otro . Tampoco ignoraréis que ese olvido de todo nace de un amor sin límites , confiado y compartido . Toda mujer que no es la que amamos , nos parece una criatura inútil , y nos duele el haber gastado con otras mujeres partículas de nuestro corazón , sin creer en la posibilidad de estrechar nunca otra mano que la que acariciamos entre las nuestras en tales momentos . La mente lo rehúsa todo y aleja cuantos trabajos y recuerdos puedan distraerla del pensamiento único e incesante que la domina . Cada día descubrimos en nuestra amada nuevos encantos y placeres desconocidos . La existencia es únicamente el repetido cumplimiento de un deseo continuo ; el alma no es más que la vestal encargada de conservar el fuego sagrado del amor . Cuando anochecía íbamos muchas veces a sentarnos en el bosquecillo que domina la casa , escuchando allí las plácidas armonías que traía la noche , pensando ambos en la hora cercana que iba a dejarnos hasta el día en nuestra habitación sin permitir que ni aun el sol penetrara en ella . Las cortinillas estaban perfectamente corridas , y el mundo exterior desaparecía para nosotros unos instantes . Sólo Nanina tenía el permiso de abrir la puerta para traernos la comida , que a veces tomábamos sin movernos de nuestro sitio , interrumpiendo sin cesar aquellos banquetes con risas y locuras . Sucedía a ellos un corto sueño , pues desapareciendo bajo nuestro amor , nos parecíamos a dos buzos obstinados , que sólo aparecen en la superficie para tomar aliento . A pesar de todo esto , sorprendí en Margarita momentos de tristeza y a veces lágrimas , y al preguntarle la causa de aquella pesadumbre repentina , me respondía :
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