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« 22 de febrero . « Hoy ha tenido lugar el entierro . Acudieron a la iglesia muchas amigas de Margarita , algunas de las cuales lloraban sinceramente . Cuando el entierro tomó el camino de Montmartre , dos hombres le seguían : el conde de G . . . que ha venido expresamente de Inglaterra , y el duque , que andaba apoyándose en dos criados . « Escribo estos detalles desde la casa de Margarita , en medio de mis lágrimas y delante de la lámpara que arde tristemente , alumbrando una comida que no pruebo , que Nanina ha mandado traer para mí , pues hace más de veinticuatro horas que no como bocado . « Mi vida no podrá conservar mucho tiempo tan tristes impresiones , pues tampoco me pertenece como no perteneció la suya a Margarita . Por esta razón os doy todos estos detalles desde el punto en que han tenido lugar , temiendo que si transcurriese mucho tiempo entre ellos y vuestro regreso , no os lo podría narrar con toda su triste exactitud . » CAPÍTULO XXVII — ¿ Estáis enterado ? — preguntó Armando cuando yo terminaba la lectura del manuscrito . — Comprendo cuánto habréis sufrido , amigo mío , siendo cierto cuanto acabo de leer . — Mi padre lo confirmó en una carta . Estuvimos hablando un buen rato del triste destino que acababa de cumplirse y me volví a mi casa a descansar . Armando , siempre triste aunque un poco aliviado por la narración de esta historia , se fué restableciendo . Luego fuimos juntos a visitar a Prudencia y a Julia Duprat . Mme . Duvernoy había quebrado . Dijo que Margarita era la causa de su desgracia , que durante su enfermedad le había prestado mucho dinero que tuvo que procurarse firmando pagarés , que luego no pudo cubrir , y que habiendo muerto Margarita sin devolverle el dinero ni haberle dado recibo , no le había sido posible presentarse como los demás acreedores . Con la invención de esta fábula , que la Duvernoy contaba a cuantos querían oirla para disculpar la quiebra , consiguió arrancar un billete de mil francos a Armando que aparentó creerla por deferencia al respeto que le merecía la memoria de Margarita . Luego vimos a Julia Duprat que , vertiendo lágrimas sinceras al recuerdo de su amiga , nos contó los tristes acontecimientos de que había sido testigo . Últimamente , fuimos a visitar la tumba de Margarita , sobre la cual a los primeros rayos del sol de abril despertaban las primeras flores . Esta manifestación de la Naturaleza parecía decirle a mi amigo : « La muerte no existe ; es sencillamente una transformación . ¡ Consuélate ! » . Quedábale a Armando el último deber que llenar : el de ir a reunirse con su padre , a donde quiso que también le acompañase . Llegamos a C . . . vi al señor Duval tal como me lo había figurado por el retrato que de él me había hecho su hijo : serio , digno , benévolo . Acogió a Armando con lágrimas de satisfacción , y estrechó afectuosamente mi mano . Advertí desde luego que el sentimiento paternal era el que dominaba en el buen anciano . Su hija , llamada Blanca , tenía esa transparencia de los ojos y de la mirada , esa serenidad de la boca , prueba de que aquel alma sólo abriga sentimientos puros y de que los labios no pronuncian sino palabras piadosas . Alegrábase de la vuelta de su hermano , ignorando la casta joven que distante de ella hubo una cortesana que había sacrificado su existencia a la sola invocación de su nombre .
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