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Y cuando era de madrugada todavía , el director del Jardín Zoológico vió llegar a una tortuga embarrada y sumamente flaca , que traía acostado en su lomo y atado con enredaderas , para que no se cayera , a un hombre que se estaba muriendo . El director reconoció a su amigo , y él mismo fué corriendo a buscar remedios , con los que el cazador se curó en seguida . Cuando el cazador supo cómo lo había salvado la tortuga , cómo había hecho un viaje de trescientas leguas para que tomara remedios , no quiso separarse más de ella . Y como él no podía tenerla en su casa , que era muy chica , el director del Zoológico se comprometió a tenerla en el jardín , y a cuidarla como si fuera su propia hija . Y así pasó . La tortuga , feliz y contenta con el cariño que le tienen , pasea por todo el jardín , y es la misma gran tortuga que vemos todos los días comiendo el pastito alrededor de las jaulas de los monos . El cazador la va a ver todas las tardes y ella conoce de lejos a su amigo , por los pasos . Pasan un par de horas juntos , y ella no quiere nunca que él se vaya sin que le dé antes una palmadita de cariño en el lomo . Las medias de los flamencos Cierta vez las víboras dieron un gran baile . Invitaron a las ranas y los sapos , a los flamencos , y a los yacarés y los pescados . Los pescados , como no caminan , no pudieron bailar ; pero siendo el baile a la orilla del río , los pescados estaban asomados a la arena , y aplaudían con la cola . Los yacarés , para adornarse bien , se habían puesto en el pescuezo un collar de bananas , y fumaban cigarros paraguayos . Los sapos se habían pegade escamas de pescado en todo el cuerpo , y caminaban meneándose , como si nadaran . Y cada vez que pasaban muy serios por la orilla del río , los pescados les gritaban haciéndoles burla . Las ranas se habían perfumado todo el cuerpo , y caminaban en dos pies . Además , cada una llevaba colgando como un farolito , una luciérnaga que se balanceaba . Pero las que estaban hermosísimas eran las víboras . Todas , sin excepción , estaban vestidas con traje de bailarina , del mismo color de cada víbora . Las víboras coloradas llevaban una pollerita de tul colorado ; las verdes , una de tul verde ; las amarillas , otra de tul amarillo ; y las yararás , una pollerita de tul gris pintada con rayas de polvo de ladrillo y ceniza , porque así es el color de las yararás . Y las más espléndidas de todas eran las víboras de coral , que estaban vestidas con larguísimas gasas rojas , blancas y negras , y bailaban como serpentinas . Cuando las víboras danzaban y daban vueltas apoyadas en la punta de la cola , todos los invitados aplaudían como locos . Sólo los flamencos , que entonces tenían las patas blancas , y tienen ahora como antes la nariz muy gruesa y torcida , sólo los flamencos estaban tristes , porque como tięnen muy poca inteligencia , no habían sabido cómo adornarse . Envidiaban el traje de todos , y sobre todo el de las víboras de coral . Cada vez que una víbora pasaba por delante de ellos , coqueteando y haciendo ondular las gasas de serpentina , los flamencos se morían de envidia .
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