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Hasta que un día creyó haber encontrado el medio . Se puso a recorrer la orilla de las lagunas y bañados , buscando plumas de garzas para llevarle al cazador . El cazador , por su parte , se acordaba a veces de aquella gamita ciega que él había curado . Y una noche de lluvia estaba el hombre leyendo en su cuarto , muy contento porque acababa de componer el techo de paja , que ahora no se llovía más ; estaba leyendo ouando oyó que llamaban . Abrió la puerta , y vió a la gamita que le traía un atadito , un plumerito todo mojado de plumas de garza . El cazador se puso a reír , y la gamita , avergonzada porque creía que el cazador se reía de su pobre regalo , se fué muy triste . Buscó entonces plumas muy grandes , bien secas y limpias , y una semana después volvió con ellas ; y esta vez el hombre , que se había reído la vez anterior de cariño , no se rió esta vez porque la gamita no comprendía su risa . Pero en cambio le regaló un tubo de tacuara lleno de miel , que la gamita tomó loca de contento . Desde entonces la gamita y el cazador fueron grandes amigos . Ella se empeñaba siempre en llevarle plumas de garza que valen mucho dinero , y se quedaba las horas charlando con el hombre . El ponía siempre en la mesa un jarro enlozado lleno de miel , y arrimaba la sillita alta para su amiga . A veces le daba también cigarros , que las gamas comen con gran gusto , y no les hace mal . Pasaban así el tiempo , mirando la llama , porque el hombre tenía una estufa de leña , mientras afuera el viento y la lluvia sacudían el alero de paja del rancho . Por temor a los perros , la gamita no iba sino en las noches de tormenta . Y cuando caía la tarde y empezaba a llover , el cazador colocaba en la mesa el jarrito con miel y la servilleta , mientras él tomaba café y leía , esperando en la puerta el TAN - TAN bien conocido de su amiga la gamita . Historia de dos cachorros de coatí y de dos cachorros de hombre Había una vez una coatí que tenía tres hijos . Vivían en el monte comiendo frutas , raíces y huevos de pajaritos . Cuando estaban arriba de los árboles y sentían un gran ruido , se tiraban al suelo de cabeza y salían corriendo con la cola levantada . Una vez que los coaticitos fueron un poco grandes , su madre los reunió un día arriba de un naranjo y les habló así : — Coaticitos : ustedes son bastante grandes para buscarse la comida solos . Deben aprenderlo , porque cuando sean viejos andarán siempre solos , como todos los coatís . El mayor de ustedes , que es muy amigo de cazar cascarudos , puede encontrarlos entre los palos podridos , porque allí hay muchos cascarudos y cucarachas . El segundo , que es gran comedor de frutas , puede encontrarlas en este naranjal ; hasta diciembre habrá naranjas . El tercero , que no quiere comer sino huevos de pájaros , puede ir a todas partes , porque en todas partes hay nidos de pájaros . Pero que no vaya nunca a buscar nidos al campo , porque es peligroso .
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