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IV MIRADA RETROSPECTIVA Verdad es que desde la célebre discusión sobre el bello sexo , el Capitán había cambiado algo , ya que no de estilo ni de modales , a lo menos de humor . . . ¡ Y quién sabe si de ideas y sentimientos ! Conocíase que las faldas le causaban menos horror que al principio , y todos habían observado que aquella confianza y benevolencia que ya le merecía la señora de Barbastro iban trascendiendo a sus relaciones con Angustias . Continuaba , eso sí , por terquedad aragonesa , más que por otra cosa , diciéndose su mortal enemigo , y hablándole con aparente acritud y a voces , como si estuviera mandando soldados ; pero sus ojos la seguían y se posaban en ella con respeto , y , si por acaso se encontraba con la mirada ( cada vez más grave y triste desde aquel día ) de la impávida y misteriosa joven , parecían inquirir afanosamente qué gravedad y tristura eran aquéllas . Angustias había dejado por su parte de provocar al Capitán y de sonreírse cuando le veía montar en cólera . Servíalo en silencio , y en silencio soportaba sus desvíos más o menos amargos y sinceros , hasta que él se ponía también grave y triste , y le preguntaba con cierta llaneza de niño bueno : — ¿ Qué tiene usted ? ¿ Se ha incomodado conmigo ? ¿ Principia ya a pagarme el aborrecimiento de que tanto le he hablado ? — ¡ Dejémonos de tonterías , Capitán ! — contestaba ella . — ¡ Demasiado hemos disparatado ya los dos . . . , hablando de cosas muy formales ! — ¿ Se declara usted , pues , en retirada ? — En retirada . . . ¿ de qué ? — ¡ Toma ! ¡ Usted lo sabrá ! ¿ No me la echó de tan valiente y batalladora el día que me llamó indio bravo ? — Pues no me arrepiento de ello , amigo mío . . . Pero basta de despropósitos , y hasta mañana . — ¿ Se va usted ? ¡ Eso no vale ! ¡ Eso es huir ! — solía decirle entonces el muy taimado . — ¡ Como usted quiera ! . . . — respondía Angustias encogiéndose de hombros . — El caso es que me retiro . . . — Y ¿ qué voy a hacer ahora aquí , solo , toda la santa noche ? ¡ Repare usted en que son las siete ! — Ésa no es cuenta mía . Puede usted rezar , o dormirse , o hablar con mamá . . . Yo tengo que seguir arreglando el baúl de papeles de mi difunto padre . . . ¿ Por qué no pide usted una baraja a Rosa , y hace solitarios ? — ¡ Sea usted franca ! — exclamó un día el impenitente solterón , devorando con los ojos las blanquísimas y hoyosas manos de su enemiga . — ¿ Me guarda usted rencor porque , desde aquella mañana , no hemos vuelto a jugar al tute ? — ¡ Muy al contrario ! ¡ Alégrome de que hayamos dejado también esa broma ! — respondió Angustias , escondiendo las manos en los bolsillos de la bata . — Pues entonces , alma de Dios , ¿ que quiere usted ? — Yo , señor don Jorge , no quiero nada . — ¿ Por qué no me llama usted ya " Señor Capitán Veneno " ? — Porque he conocido que no merece usted ese nombre . — ¡ Hola ! ¡ Hola ! ¿ Volvemos a las suavidades y a los elogios ? — ¿ Qué sabe usted cómo soy yo por dentro ?
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