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— Choto , ¿ qué sucederá ? - XII - El doctor Celipín El señor Centeno , después de recrear su espíritu en las borrosas columnas del Diario , y la Señana , después de gustar el más embriagador deleite sopesando lo contenido en el calcetín , se acostaron . Habían marchado también los hijos a reposar sobre sus respectivos colchones . Oyose en la sala una retahíla que parecía oración o romance de ciego ; oyéronse bostezos , sobre los cuales trazaba cruces el perezoso dedo . . . . La familia de piedra dormía . Cuando la casa fue el mismo Limbo , oyose en la cocina rumorcillo como de alimañas que salen de sus agujeros para buscarse la vida . Las cestas se abrieron y Celipín oyó estas palabras : — Celipín , esta noche sí que te traigo un buen regalo ; mira . Celipín no podía distinguir nada ; pero alargando su mano tomó de la de María dos duros como dos soles , de cuya autenticidad se cercioró por el tacto , ya que por la vista difícilmente podía hacerlo , quedándose pasmado y mudo . — Me los dio D . Teodoro — añadió la Nela — para que me comprara unos zapatos . Como yo para nada necesito zapatos , te los doy , y así pronto juntarás aquello . — ¡ Córcholis ! , ¡ que eres más buena que María Santísima ! . . . Ya poco me falta , Nela , y en cuanto apande media docena de reales . . . ya verán quién es Celipín . — Mira , hijito , el que me ha dado ese dinero andaba por las calles pidiendo limosna cuando era niño , y después . . . . — ¡ Córcholis ! ¡ Quién lo había de decir ! . . . D . Teodoro . . . . ¡ Y ahora tiene más dinero ! . . . Dicen que lo que tiene no lo cargan seis mulas . — Y dormía en las calles y servía de criado y no tenía calzones . . . en fin , que era más pobre que las ratas . Su hermano D . Carlos vivía en una casa de trapo viejo . — ¡ Jesús ! ¡ Córcholis ! Y qué cosas se ven por esas tierras . . . . Yo también me buscaré una casa de trapo viejo . — Y después tuvo que ser barbero para ganarse la vida y poder estudiar . — Miá tú . . . yo tengo pensado irme derecho a una barbería . . . . Yo me pinto solo para rapar . . . . ¡ Pues soy yo poco listo en gracia de Dios ! Desde que yo llegue a Madrid , por un lado rapando y por otro estudiando , he de aprender en dos meses toda la ciencia . Miá tú , ahora se me ha ocurrido que debo tirar para médico . . . . Sí , médico , que echando una mano a este pulso , otra mano al otro , se llena de dinero el bolsillo . — D . Teodoro — dijo la Nela — tenía menos que tú , porque tú vas a tener cinco duros , y con cinco duros parece que todo se ha de venir a la mano . Aquí de los hombres guapos . Don Teodoro y D . Carlos eran como los pájaros que andan solos por el mundo . Ellos con su buen gobierno se volvieron sabios . D . Teodoro leía en los muertos y D . Carlos leía en las piedras , y así los dos aprendieron el modo de hacerse personas cabales . Por eso es D . Teodoro tan amigo de los pobres . Celipín , si me hubieras visto esta tarde cuando me llevaba al hombro . . . . Después me dio un vaso de leche y me echaba unas miradas como las que se echan a las señoras .
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