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No necesitaron que se les rogara mucho . Convidados de la hermosura del día , volaron los jóvenes al campo . - XV - Los tres Estaba la señorita de pueblo muy gozosa en medio de las risueñas praderas sin la enojosa traba de las pragmáticas sociales de su señor padre , y así , en cuanto se vio a regular distancia de la casa , empezó a correr alegremente y a suspenderse de las ramas de los árboles que a su alcance estaban , para balancearse ligeramente en ellas . Tocaba con las yemas de sus dedos las moras silvestres , y cuando las hallaba maduras cogía tres , una para cada boca . — Esta para ti , primito — decía poniéndosela en la boca — y esta para ti , Nela . Dejaré para mí la más chica . Al ver cruzar los pájaros a su lado no podía resistir movimientos semejantes a una graciosa pretensión de volar , y decía : « ¿ A dónde irán ahora esos bribones ? » De todos los robles cogía una rama y abriendo la bellota para ver lo que había dentro , la mordía , y al sentir su amargor , arrojábala lejos . Un botánico atacado del delirio de las clasificaciones no hubiera coleccionado con tanto afán como ella todas las flores bonitas que le salían al paso , dándole la bienvenida desde el suelo con sus carillas de fiesta . Con lo recolectado en media hora adornó todos los ojales de la americana de su primo , los cabellos de la Nela , y por último , sus propios cabellos . — A la primita — dijo Pablo — le gustará ver las minas . Nela , ¿ no te parece que bajemos ? — Sí , bajemos . . . . Por aquí , señorita . — Pero no me hagan pasar por túneles , que me da mucho miedo . Eso sí que no lo consiento — dijo Florentina , siguiéndoles — . Primo , ¿ tú y la Nela paseáis mucho por aquí ? . . . Esto es precioso . Aquí viviría yo toda mi vida . . . . ¡ Bendito sea el hombre que te va a dar la facultad de gozar de todas estas preciosidades ! — ¡ Dios lo quiera ! Mucho más hermosas me parecerán a mí , que jamás las he visto , que a vosotras que estáis saciadas de verlas . . . . No creas tú , Florentina , que yo no comprendo las bellezas ; las siento en mí de tal modo , que casi , casi suplo con mi pensamiento la falta de la vista . — Eso sí que es admirable . . . . Por más que digas — replicó Florentina — siempre te resultarán algunos buenos chascos cuando abras los ojos . — Podrá ser — dijo el ciego , que aquel día estaba muy lacónico . La Nela no estaba lacónica sino muda . Cuando se acercaron a la concavidad de la Terrible , Florentina admiró el espectáculo sorprendente que ofrecían las rocas cretáceas , subsistentes en medio del terreno después de arrancado el mineral . Comparolo a grandes grupos de bollos , pegados unos a otros por el azúcar ; después de mirarlo mucho por segunda vez , comparolo a una gran escultura de perros y gatos que se habían quedado convertidos en piedra en el momento más crítico de una encarnizada reyerta .
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