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Esto decía cuando entró Carlos . Su rostro resplandecía de júbilo . — ¡ Triunfo completo ! — gritó desde la puerta — . Después de Dios , mi hermano Teodoro . — ¿ Es cierto ? . . . — Como la luz del día . . . . Yo no lo creí . . . ¡ Pero qué triunfo Sofía ! ¡ Qué triunfo ! No hay para mí gozo mayor que ser hermano de mi hermano . . . . Es el rey de los hombres . . . . Si es lo que digo : después de Dios , Teodoro . - XVII - Fugitiva y meditabunda La estupenda y gratísima nueva corrió por todo Socartes . No se hablaba de otra cosa en los hornos , en los talleres , en las máquinas de lavar , en el plano inclinado , en lo profundo de las excavaciones y en lo alto de los picos , al aire libre y en las entrañas de la tierra . Añadíanse interesantes comentarios : que en Aldeacorba se creyó por un momento que don Francisco Penáguilas había perdido la razón ; que D . Manuel Penáguilas pensaba celebrar el regocijado suceso dando un banquete a todos cuantos trabajaban en las minas , y finalmente , que D . Teodoro era digno de que todos los ciegos habidos y por haber le pusieran en las niñas de sus ojos . La Nela no se atrevía a ir a la casa de Aldeacorba . Una secreta fuerza poderosa la alejaba de ella . Anduvo vagando todo el día por los alrededores de la mina , contemplando desde lejos la casa de Penáguilas , que le parecía transformada . En su alma se juntaba a un gozo extraordinario una como vergüenza de sí misma ; a la exaltación de un afecto noble la insoportable comezón , digámoslo así , del amor propio más susceptible . Halló una tregua a las congojosas batallas de su alma en la madre soledad , que tanto había contribuido a la formación de su carácter , y en la contemplación de las hermosuras de la Naturaleza , que siempre le facilitaba extraordinariamente la comunicación de su pensamiento con la divinidad . Las nubes del cielo y las flores de la tierra hacían en su espíritu efecto igual al que hacen en otros la pompa de los altares , la elocuencia de los oradores cristianos y las lecturas de sutiles conceptos místicos . En la soledad del campo pensaba ella y decía mentalmente mil cosas , sin sospechar que eran oraciones . Mirando a Aldeacorba , decía : — No volveré más allá . . . Ya acabó todo para mí . . . Ahora , ¿ de qué sirvo yo ? En su rudeza pudo observar que el conflicto en que estaba su alma provenía de no poder aborrecer a nadie . Por el contrario , érale forzoso amar a todos , al amigo y al enemigo , y así como los abrojos se trocaban en flores bajo la mano milagrosa de una mártir cristiana , la Nela veía que sus celos y su despecho se convertían graciosamente en admiración y gratitud . Lo que no sufría metamorfosis era aquella pasioncilla que antes llamamos vergüenza de sí misma , y que la impulsaba a eliminar su persona de todo lo que pudiera ocurrir en lo sucesivo en Aldeacorba .
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