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— ¿ Va usted al establecimiento ? — preguntó el misterioso joven , permaneciendo inmóvil y rígido , sin mirar al doctor , que ya estaba cerca . — Sí , señor ; pero sin duda equivoqué el camino . — Esta no es la entrada de las minas . La entrada es por la pasadera de Rabagones , donde está el camino y el ferro - carril en construcción . Por allá hubiera usted llegado en diez minutos al establecimiento . Por aquí tardaremos más , porque hay bastante distancia y muy mal camino . Estamos en la última zona de explotación , y hemos de atravesar algunas galerías y túneles , bajar escaleras , pasar trincheras , remontar taludes , descender el plano inclinado ; en fin , recorrer todas las minas de Socartes desde un extremo , que es este , hasta el otro extremo , donde están los talleres , los hornos , las máquinas , el laboratorio y las oficinas . — Pues a fe mía que ha sido floja mi equivocación — dijo Golfín riendo . — Yo le guiaré a usted con mucho gusto , porque conozco estos sitios perfectamente . Golfín , hundiendo los pies en la tierra , resbalando aquí y bailoteando más allá , tocó al fin el benéfico suelo de la vereda , y su primera acción fue examinar al bondadoso joven . Breve rato estuvo el doctor dominado por la sorpresa . — Usted . . . — murmuró . — Soy ciego , sí , señor — añadió el joven — ; pero sin vista sé recorrer de un cabo a otro las minas de Socartes . El palo que uso me impide tropezar , y Choto me acompaña , cuando no lo hace la Nela , que es mi lazarillo . Con que sígame usted y déjese llevar . - II - Guiado — ¿ Ciego de nacimiento ? — dijo Golfín con vivo interés que no era sólo inspirado por la compasión . — Sí , señor , de nacimiento — repuso el ciego con naturalidad . No conozco el mundo más que por el pensamiento , el tacto y el oído . He podido comprender que la parte más maravillosa del universo es esa que me está vedada . Yo sé que los ojos de los demás no son como estos míos , sino que por sí conocen las cosas ; pero este don me parece tan extraordinario , que ni siquiera comprendo la posibilidad de poseerlo . — Quién sabe . . . — manifestó Teodoro — ¿ pero qué es esto que veo , amigo mío , qué sorprendente espectáculo es este ? El viajero , que había andado algunos pasos junto a su guía , se detuvo asombrado de la fantástica perspectiva que se ofrecía ante sus ojos . Hallábase en un lugar hondo , semejante al cráter de un volcán , de suelo irregular , de paredes más irregulares aún . En los bordes y en el centro de la enorme caldera , cuya magnitud era aumentada por el engañoso claro - oscuro de la noche , se elevaban figuras colosales , hombres disformes , monstruos volcados y patas arriba , brazos inmensos desperezándose , pies truncados , desparramadas figuras semejantes a las que forma el caprichoso andar de las nubes en el cielo ; pero quietas , inmobles , endurecidas . Era su color el de las momias , un color terroso tirando a rojo ; su actitud la del movimiento febril sorprendido y atajado por la muerte . Parecía la petrificación de una orgía de gigantescos demonios ; y sus manotadas , los burlones movimientos de sus desproporcionadas cabezas habían quedado fijos como las inalterables actitudes de la escultura . El silencio que llenaba el ámbito del supuesto cráter era un silencio que daba miedo . Creeríase que mil voces y aullidos habían quedado también hechos piedra , y piedra eran desde siglos de siglos .
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