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— Vamos allá — dijo este súbitamente . La Nela tembló toda . Golfín observó el sudor de su frente , el glacial frío de sus manos , la violencia de su pulso ; pero lejos de cejar en su idea por causa de esta dolencia física , afirmose más en ella , repitiendo : — Vamos , vamos ; aquí hace frío . Tomó de la mano a la Nela . El dominio que sobre ella ejercía era ya tan grande , que la muchacha se levantó tras él y dieron juntos algunos pasos . Después la Nela se detuvo y cayó de rodillas . — ¡ Oh ! , señor — exclamó con espanto — no me lleve usted . Estaba pálida y descompuesta con señales de una espantosa alteración física y moral . Golfín le tiró del brazo . El cuerpo desmayado de la vagabunda no se elevaba del suelo por su propia fuerza . Era preciso tirar de él como de un cuerpo muerto . Hace días — dijo Golfín — que en este mismo sitio te llevé sobre mis hombros porque no podías andar . Esta noche será lo mismo . Y la levantó en sus brazos . La ardiente respiración de la mujer — niña le quemaba el rostro . Iba decadente , roja y marchita , como una planta que acaba de ser arrancada del suelo , dejando en él las raíces . Al llegar a la casa de Aldeacorba Golfín sintió que su carga se hacía menos pesada . La Nela erguía su cuello , elevaba las manos con ademán de desesperación ; pero callaba . Entró . Todo estaba en silencio . Una criada salió a recibirle , y a instancias de Teodoro condújole sin hacer ruido a la habitación de la señorita Florentina . Hallábase esta sola , alumbrada por una luz que ya agonizaba , de rodillas en el suelo y apoyando sus brazos en el asiento de una silla , en actitud de orar devota y recogidamente . Alarmose al ver entrar a un hombre tan a deshora en su habitación , y a su fugaz alarma sucedió el asombro , observando la carga que Golfín sobre sus robustos hombros traía . La sorpresa no permitió a la señorita de Penáguilas usar de la palabra cuando Teodoro , depositando cuidadosamente su carga sobre un sofá , le dijo : — Aquí la traigo . . . ¿ qué tal ? , ¿ soy buen cazador de mariposas ? - XX - El nuevo mundo Retrocedamos algunos días . Cuando Teodoro Golfín levantó por primera vez el vendaje de Pablo Penáguilas , este dio un grito de espanto . Sus movimientos todos eran de retroceso . Extendía las manos como para apoyarse en un punto y retroceder mejor . El espacio iluminado era para él como un inmenso abismo en el cual se suponía próximo a caer . El instinto de conservación obligábale a cerrar los ojos . Excitado por Teodoro , por su padre y los demás de la casa , que sentían la ansiedad más honda , miró de nuevo ; pero el temor no disminuía . Las imágenes entraban , digámoslo así , en su cerebro violenta y atropelladamente con una especie de brusca embestida , de tal modo que él creía chocar contra los objetos . Las montañas lejanas se le figuraban hallarse al alcance de su mano , y los objetos y personas que le rodeaban los veía cual si rápidamente cayeran sobre sus ojos .
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