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— Gracias , Joaquín , gracias — y le cojió la mano , que él se la dejó entre las suyas ; — no sabes cuánto te debemos . . . — Ni vosotros sabéis cuánto os debo . . . — Por Dios , no seas así . . . ahora que tanto te debemos , no volvamos a eso . . . — No , si no vuelvo a nada . Os debo mucho . Esta enfermedad de Abel me ha enseñado mucho , pero mucho . . . — Ah , le tomas como a un caso ? — No , Helena , no ; el caso soy yo ! — Pues no te entiendo . — Ni yo del todo . Y te digo que estos días luchando por salvar a tu marido . . . — Di a Abel ! — Bien , sea ; luchando por salvarle he estudiado con su enfermedad la mía y vuestra felicidad y he decidido . . . casarme ! — Ah , pero tienes novia ? — No , no la tengo aún , pero la buscaré . Necesito un hogar . Buscaré mujer . O crees tú , Helena , que no encontraré una mujer que me quiera ? — Pues no la has de encontrar , hombre , pues no la has de encontrar . . . ! — Una mujer que me quiera , digo . — Sí , te he entendido , una mujer que te quiera , sí ! — Porque como partido . . . — Sí , sin duda eres un buen partido . . . joven , no pobre , con una buena carrera , empezando a tener fama , bueno . . . — Bueno . . . sí , y antipático , no es eso ? — No , hombre , no ; tú no eres antipático ! — Ay , Helena , Helena , dónde encontraré una mujer . . . — Que te quiera ? — No , sino que no me engañe , que me diga la verdad , que no se burle de mí , Helena , que no se burle de mí . . . ! Que se case conmigo por desesperación , porque yo la mantenga , pero que me lo diga . . . — Bien has dicho que estás enfermo , Joaquín . Cásate ! — Y crees , Helena , que hay alguien , hombre o mujer , que pueda quererme ? — No hay nadie que no pueda encontrar quien le quiera . — Y querré yo a mi mujer ? Podré quererla , dime ? — Hombre , pues no faltaba más . . . — Porque mira , Helena , no es lo peor no ser querido , no poder ser querido ; lo peor es no poder querer . — Eso dice don Mateo , el párroco , del demonio , que no puede querer . — Y el demonio anda por la tierra , Helena . — Cállate y no me digas esas cosas . — Es peor que me las diga a mí mismo . — Pues cállate ! VII Dedicóse Joaquín , para salvarse , requiriendo amparo a su pasión , a buscar mujer , los brazos maternales de una esposa en que defenderse de aquel odio que sentía , un regazo en que esconder la cabeza , como un niño que siente terror al coco , para no ver los ojos infernales del dragón de hielo . Aquella pobre Antonia ! Antonia había nacido para madre ; era todo ternura , todo compasión . Adivinó en Joaquín , con divino instinto , un enfermo , un inválido del alma , un poseso , y sin saber de qué , enamoróse de su desgracia . Sentía un misterioso atractivo en las palabras frías y cortantes de aquel médico que no creía en la virtud ajena . Antonia era la hija única de una viuda a que asistía Joaquín . — Cree usted que saldrá de ésta ? — le preguntaba a él . — Lo veo difícil , muy difícil . Está la pobre muy trabajada , muy acabada ; ha debido de sufrir mucho . . . su corazón está muy débil . . .
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