Skip the article text Tap any word to see its translation
Quiso , sin embargo , oponer un último obstáculo a este deseo . — ¿ Y el Plumitas ? . . . Mie usté que ahora , según paece , anda por cerca de La Rinconá . ¡ Ah , el Plumitas ! El rostro de doña Sol , obscurecido por el aburrimiento , pareció aclararse con una llamarada interior . — ¡ Muy curioso ! Me alegraría de que usted pudiera presentármelo . Gallardo arregló el viaje . Pensaba ir solo , pero la compañía de doña Sol le obligó a buscar un refuerzo , temiendo un mal encuentro en el camino . Buscó a Potaje , el picador . Era muy bruto y no temía en el mundo mas que a la gitana de su mujer , que cuando se cansaba de recibir palizas intentaba morderle . A éste no había que darle explicaciones , sino vino en abundancia . El alcohol y las atroces caídas en el redondel le mantenían en perpetuo aturdimiento , como si la cabeza le zumbase , no permitiéndole mas que lentas palabras y una visión turbia de las cosas . Ordenó también al Nacional que fuese con ellos : uno más , y de discreción a toda prueba . El banderillero obedeció por subordinación , pero rezongando al saber que iba con ellos doña Sol . — ¡ Por vía e la paloma azul ! . . . ¡ Y que un pare de familia se vea metío en estas cosas feas ! . . . ¿ Qué dirán de mí Carmen y la seña Angustias si yegan a enterarse ? . . . Cuando se vio en pleno campo , sentado al lado de Potaje en la banqueta de un automóvil , frente al espada y la gran señora , fue desvaneciéndose poco a poco su enfado . No la veía bien , envuelta como iba en un gran velo azul que descendía de su gorra de viaje , anudándose sobre el gabán de seda amarilla ; pero era muy hermosa . . . ¡ Y qué conversación ! ¡ Y qué saber de cosas ! . . . Antes de la mitad del viaje , el Nacional , con sus veinticinco años de fidelidad casera , excusaba las debilidades del matador , explicándose sus entusiasmos . ¡ El que se viera en el propio caso , y haría lo mismo ! . . . ¡ La instrucción ! . . . Una gran cosa , capaz de infundir respetabilidad hasta a los mayores pecados . V — Que te iga quién es , o que se lo yeven los demonios . ¡ Mardita sea la suerte ! . . . ¿ Es que no podrá uno dormir ? . . . El Nacional escuchó esta contestación al través de la puerta del cuarto de su maestro , y la transmitió a un peón del cortijo que aguardaba en la escalera . — Que te iga quién es . Sin eso , el amo no se levanta . Eran las ocho . El banderillero se asomó a una ventana , siguiendo con la vista al peón , que corría por un camino frente al cortijo , hasta llegar al lejano término del alambrado que circuía la finca . Junto a la entrada de esta valla vio un jinete empequeñecido por la distancia : un hombre y un caballo que parecían salidos de una caja de juguetes . Al poco rato volvió el jornalero , luego de hablar con el jinete . El Nacional , interesado por estas idas y venidas , le recibió al pie de la escalera .
Back Page 107 of 222 Page 107 of 222 Next Keep reading with translations Create a free account: 7 days of Pro, then 20 word translations a day or a paid plan.