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El demonio anhela con furia tragarse las aguas puras del Jordán , que son las personas consagradas a Dios . Contra ellas se conjura el infierno y desencadena todos sus monstruos . San Buenaventura lo ha dicho : « No debemos admirarnos de que estas personas pecaron , sino de que no pecaron » . Yo , con todo , sabré resistir y no pecar . Dios me protege . 6 de Junio . La nodriza de Pepita , hoy su ama de llaves , es , como dice mi padre , una buena pieza de arrugadillo : picotera , alegre y hábil como pocas . Se casó con el hijo del Maestro Cencias , y ha heredado del padre lo que el hijo no heredó : una portentosa facilidad para las artes y los oficios . La diferencia está en que el Maestro Cencias componía un husillo de lagar , arreglaba las ruedas de una carreta o hacía un arado , y esta nuera suya hace dulces , arropes y otras golosinas . El suegro ejercía las artes de utilidad : la nuera las del deleite , aunque deleite inocente o lícito al menos . Antoñona , que así se llama , tiene o se toma la mayor confianza con todo el señorío . En todas las casas entra y sale como en la suya . A todos los señoritos y señoritas de la edad de Pepita , o de cuatro o cinco años más , los tutea , los llama niños y niñas , y los trata como si los hubiera criado a sus pechos . A mí me habla de mira , como a los otros . Viene a verme , entra en mi cuarto , y ya me ha dicho varias veces que soy un ingrato , y que hago mal en no ir a ver a su señora . Mi padre , sin advertir nada , me acusa de extravagante ; me llama búho , y se empeña también en que vuelva a la tertulia . Anoche no pude ya resistirme a sus repetidas instancias , y fui muy temprano , cuando mi padre iba a hacer las cuentas con el aperador . ¡ Ojalá no hubiera ido ! Pepita estaba sola . Al vernos , al saludarnos , nos pusimos los dos colorados . Nos dimos la mano con timidez , sin decirnos palabra . Yo no estreché la suya : ella no estrechó la mía ; pero las conservamos unidas un breve rato . En la mirada que Pepita me dirigió nada había de amor , sino de amistad , de simpatía , de honda tristeza . Había adivinado toda mi lucha interior : presumía que el amor divino había triunfado en mi alma ; que mi resolución de no amarla era firme e invencible . No se atrevía a quejarse de mí ; no tenía derecho a quejarse de mí ; conocía que la razón estaba de mi parte . Un suspiro , apenas perceptible , que se escapó de sus frescos labios entreabiertos , manifestó cuánto lo deploraba . Nuestras manos seguían unidas aún . Ambos mudos . ¿ Cómo decirle que yo no era para ella , ni ella para mí ? ; ¡ Qué importaba separamos para siempre ! Sin embargo , aunque no se lo dije con palabras , se lo dije con los ojos . Mi severa mirada confirmó sus temores : la persuadió de la irrevocable sentencia . De pronto se nublaron sus ojos ; todo su rostro hermoso , pálido ya de una palidez traslúcida , se contrajo con una bellísima expresión de melancolía . Parecía la madre de los dolores . Dos lágrimas brotaron lentamente de sus ojos y empezaron a deslizarse por sus mejillas .
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