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Don Luis , que desde niño había estado acostumbrado a que nadie se descompusiese en su presencia , ni le dijese cosas que pudieran enojarle , porque durante su niñez le rodeaban criados , familiares y gente de la clientela de su padre que atendían sólo a su gusto , y después en el Seminario , así por sobrino del deán , como por lo mucho que él merecía , jamás había sido contrariado , sino considerado y adulado , sintió un aturdimiento singular , se quedó como herido por un rayo cuando vio al insolente conde arrastrar por el suelo , mancillar y cubrir de inmundo lodo la honra de la mujer que amaba . ¿ Cómo defenderla , no obstante ? No se le ocultaba que , si bien no era marido , ni hermano , ni pariente de Pepita , podía sacar la cara por ella como caballero ; pero veía el escándalo que esto causaría , cuando no había allí ningún profano que defendiese a Pepita , antes bien todos reían al conde la gracia . Él , casi ministro ya de un Dios de paz , no podía dar un mentís y exponerse a una riña con aquel desvergonzado . Don Luis estuvo por enmudecer e irse ; pero no lo consintió su corazón , y pugnando por revestirse de una autoridad que ni sus años juveniles , ni su rostro , donde había más bozo que barbas , ni su presencia en aquel lugar consentían , se puso a hablar con verdadera elocuencia contra los maldicientes y a echar en rostro al conde , con libertad cristiana y con acento severo , la fealdad de su ruin acción . Fue predicar en desierto o peor que predicar en desierto . El conde contestó con pullas y burletas a la homilía : la gente , entre la que había no pocos forasteros , se puso de lado del burlón , a pesar de ser D . Luis el hijo del cacique ; el propio Currito , que no valía para nada y era un blandengue , aunque no se rió , no defendió a su amigo ; y éste tuvo que retirarse , vejado y humillado bajo el peso de la chacota . — ¡ Esta flor le falta al ramo ! — murmuró entre dientes el pobre D . Luis cuando llegó a su casa y volvió a meterse en su cuarto , mohíno y maltratado por la rechifla , que él se exageraba y se figuraba insufrible . Se echó de golpe en un sillón , abatido y descorazonado , y mil ideas contrarias asaltaron su mente . La sangre de su padre , que hervía en sus venas , le despertaba la cólera y le excitaba a ahorcar los hábitos , como al principio le aconsejaban en el lugar , y dar luego su merecido al señor conde ; pero todo el porvenir que se había creado se deshacía al punto , y veía al deán , que renegaba de él ; y hasta el Papa , que había enviado ya la dispensa pontificia para que se ordenase antes de la edad , y el prelado diocesano , que había apoyado la solicitud de la dispensa en su probada virtud , ciencia sólida y firmeza de vocación , se le aparecían para reconvenirle .
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