Skip the article text Tap any word to see its translation
— Hola , hola , si no me engaño , el tío Licurgo y el tío Pasolargo acaban de entrar . Puede que vengan a proponerte un arreglo . — Me arrojaré al estanque . — ¡ Qué descastado eres ! ¡ Pues todos ellos te quieren tanto ! . . . Vamos , para que nada falte , ahí está también el alguacil . Viene a citarte . — A crucificarme . Todos los personajes nombrados fueron entrando en la sala . — Adiós , Pepe , que te diviertas — dijo doña Perfecta . — ¡ Trágame , tierra ! — exclamó el joven con desesperación . — Sr . D . José . . . . — Mi querido Sr . D . José . . . . — Estimable Sr . D . José . . . . — Sr . D . José de mi alma . . . . — Mi respetable amigo Sr . D . José . . . . Al oir estas almibaradas insinuaciones , Pepe Rey exhaló un hondo suspiro y se entregó . Entregó su cuerpo y su alma a los sayones , que esgrimieron horribles hojas de papel sellado , mientras la víctima , elevando los ojos al cielo , decía para sí con cristiana mansedumbre : — Padre mío , ¿ por qué me has abandonado ? XII Aquí fué Troya Amor , amistad , aire sano para la respiración moral , luz para el alma , simpatía , fácil comercio de ideas y de sensaciones era lo que Pepe Rey necesitaba de una manera imperiosa . No teniéndolo , aumentaban las sombras que envolvían su espíritu , y la lobreguez interior daba a su trato displicencia y amargura . Al día siguiente de las escenas referidas en el capítulo anterior , mortificóle más que nada el ya demasiado largo y misterioso encierro de su prima , motivado , al parecer , primero por una enfermedad sin importancia , después por caprichos y nerviosidades de difícil explicación . Rey extrañaba conducta tan contraria a la idea que había formado de Rosarito . Habían transcurrido cuatro días sin verla , no ciertamente porque a él le faltasen deseos de estar a su lado ; y tal situación comenzaba a ser desairada y ridícula , si con un acto de firme iniciativa no ponía remedio en ello . — ¿ Tampoco hoy veré a mi prima ? — preguntó de mal talante a su tía , cuando concluyeron de comer . — Tampoco . ¡ Sabe Dios cuánto lo siento ! . . . Bastante le he predicado hoy . A la tarde veremos . . . . La sospecha de que en tan injustificado encierro su adorable prima era más bien víctima sin defensa que autora resuelta con actividad propia e iniciativa , le indujo a contenerse y esperar . Sin esta sospecha , hubiera partido aquel mismo día . No tenía duda alguna de ser amado por Rosario , mas era evidente que una presión desconocida actuaba entre los dos para separarlos , y parecía propio de varón honrado averiguar de quién procedía aquella fuerza maligna , y contrarrestarla hasta donde alcanzara la voluntad humana . — Espero que la obstinación de Rosario no durará mucho — dijo a doña Perfecta disimulando sus verdaderos sentimientos . Aquel día tuvo una carta de su padre , en la cual éste se quejaba de no haber recibido ninguna de Orbajosa , circunstancia que aumentó las inquietudes del ingeniero , confundiéndole más . Por último , después de vagar largo rato solo por la huerta de la casa , salió y fue al Casino . Entró en él , como un desesperado que se arroja al mar .
Back Page 49 of 130 Page 49 of 130 Next Keep reading with translations Create a free account: 7 days of Pro, then 20 word translations a day or a paid plan.