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— Pero ahora recuerdo . . . — exclamó de súbito Pinzón . — Cómo se van atando cabos . . . Sí , en Madrid me dijeron que te casabas con una prima . Todo está descubierto . ¿ Es aquella linda y celestial Rosarito ? . . . — Pinzón , vamos a hablar detenidamente . — Se me figura que hay contrariedades . — Hay algo más . Hay luchas terribles . Se necesitan amigos poderosos , listos , de iniciativa , de gran experiencia en los lances difíciles , de gran astucia y valor . — Hombre , eso es todavía más grave que un desafío . — Mucho más grave . Se bate uno fácilmente con otro hombre . Con mujeres , con invisibles enemigos que trabajan en la sombra , es imposible . — Vamos : ya soy todo oídos . El teniente coronel Pinzón descansaba cuan largo era sobre el lecho . Pepe Rey acercó una silla y apoyando en el mismo lecho el codo y en la mano la cabeza , empezó su conferencia , consulta , exposición de plan o lo que fuera , y habló larguísimo rato . Oíale Pinzón con curiosidad profunda y sin decir nada , salvo algunas preguntillas sueltas para pedir nuevos datos o la aclaración de alguna obscuridad . Cuando Rey concluyó , Pinzón estaba serio . Estiróse en la cama , desperezándose con la placentera convulsión de quien no ha dormido en tres noches , y después dijo así : — Tu plan es arriesgado y difícil . — Pero no imposible . — ¡ Oh ! no , que nada hay imposible en este mundo . Piénsalo bien . — Ya lo he pensado . — ¿ Y estás resuelto a llevarlo adelante ? Mira que esas cosas ya no se estilan . Suelen salir mal , y no dejan bien parado a quien las hace . — Estoy resuelto . — Pues por mi parte , aunque el asunto es arriesgado y grave , muy grave , estoy dispuesto a ayudarte en todo y por todo . — ¿ Cuento contigo ? — Hasta morir . XIX Combate terrible . — Estrategia Los primeros fuegos no podían tardar . A la hora de la comida , después de ponerse de acuerdo con Pinzón respecto al plan convenido , cuya primera condición era que ambos amigos fingirían no conocerse , Pepe Rey fué al comedor . Allí encontró a su tía que acababa de llegar de la catedral , donde pasaba , según su costumbre , toda la mañana . Estaba sola y parecía hondamente preocupada . El ingeniero observó que sobre aquel semblante pálido y marmóreo , no exento de cierta hermosura , se proyectaba la misteriosa sombra de un celaje . Al mirar recobraba la claridad siniestra ; pero miraba poco , y después de una rápida observación del rostro de su sobrino , el de la bondadosa dama se ponía otra vez en su estudiada penumbra . Aguardaban en silencio la comida . No esperaron a D . Cayetano , porque éste había ido a Mundogrande . Cuando empezaron a comer , doña Perfecta dijo : — Y ese militarote que nos ha regalado hoy el Gobierno , ¿ no viene a comer ? — Parece tener más sueño que hambre — repuso el ingeniero sin mirar a su tía . — ¿ Le conoces tú ? — No le he visto en mi vida . — Pues estamos divertidos con los huéspedes que nos manda el Gobierno . Aquí tenemos nuestras camas y nuestra comida para cuando a esos perdidos de Madrid se les antoje disponer de ellas .
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