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— Aquí , aquí . Todo lo confieso , todo . Sé que es un delito . . . Soy una infame ; pero usted , que es mi madre , me sacará de este infierno . Consienta usted . . . Dígame usted una palabra , una sola . — ¡ Ese hombre aquí , en mi casa ! — gritó doña Perfecta , dando algunos pasos que parecían saltos hacia el centro de la habitación . Rosario la siguió de rodillas . En el mismo instante oyéronse tres golpes , tres estampidos , tres cañonazos . Era el corazón de María Remedios que tocaba a la puerta , agitando la aldaba . La casa se estremecía con temblor pavoroso . Madre e hija se quedaron como estatuas . Bajó a abrir un criado , y poco después en la habitación de doña Perfecta entró María Remedios , que no era mujer , sino un basilisco envuelto en un mantón . Su rostro , encendido por la ansiedad , despedía fuego . — - Ahí está , ahí está — dijo al entrar . — Se ha metido en la huerta por la puertecilla condenada . . . Tomaba aliento a cada sílaba . — Ya entiendo — repitió doña Perfecta con una especie de bramido . Rosario cayó exánime al suelo y perdió el conocimiento . — Bajemos — dijo doña Perfecta sin hacer caso del desmayo de su hija . Las dos mujeres se deslizaron por la escalera como dos culebras . Las criadas y el criado estaban en la galería sin saber qué hacer . Doña Perfecta pasó por el comedor a la huerta , seguida de María Remedios . — Afortunadamente tenemos ahí a Ca . . . Ca . . . Caballuco — dijo la sobrina del canónigo . — ¿ Dónde ? — En la huerta también . . . Sal . . . sal . . . saltó la tapia . Doña Perfecta exploró la obscuridad con sus ojos llenos de ira . El rencor les daba la singular videncia de la raza felina . — Allí veo un bulto — dijo . — Va hacia las adelfas . — Es él — gritó Remedios . — Pero allá aparece Ramos . . . ¡ Ramos ! Distinguieron perfectamente la colosal figura del Centauro . — ¡ Hacia las adelfas ! . . . ¡ Ramos , hacia las adelfas ! . . . Doña Perfecta adelantó algunos pasos . Su voz ronca , que vibraba con acento terrible , disparó estas palabras : — Cristóbal , Cristóbal . . . ¡ mátale ! Oyóse un tiro . Después otro . XXXII FINAL De D . Cayetano Polentinos a un su amigo de Madrid Orbajosa 21 de Abril . " Querido amigo : Envíeme usted sin tardanza la edición de 1562 que dice ha encontrado entre los libros de la testamentaría de Corchuelo . Pago ese ejemplar a cualquier precio . Hace tiempo que lo busco inútilmente , y me tendré por mortal virtuosísimo poseyéndolo . Ha de hallar usted en el colophón un casco con emblema sobre la palabra Tractado , y la X de la fecha MDLXII ha de tener el rabillo torcido . Si en efecto concuerdan estas señas con el ejemplar , póngame usted un parte telegráfico , porque estoy muy inquieto . . . aunque ahora me acuerdo de que el telégrafo , con motivo de estas importunas y fastidiosas guerras , no funciona . A correo vuelto espero la contestación .
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