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Así , y no de otra manera , por más que digan calumniadoras lenguas , era el hombre a quien el tío Licurgo introdujo en Orbajosa en la hora y punto en que la campana de la catedral tocaba a misa mayor . Luego que uno y otro , atisbando por encima de los bardales , vieron a la niña y al Penitenciario y la veloz corrida de aquélla hacia la casa , picaron sus caballerías para entrar en la calle Real , donde gran número de vagos se detenían para mirar al viajero como extraño huésped intruso de la patriarcal ciudad . Torciendo luego a la derecha , en dirección a la catedral , cuya corpulenta fábrica dominaba todo el pueblo , tomaron la calle del Condestable , en la cual , por ser estrecha y empedrada , retumbaban con estridente sonsonete las herraduras , alarmando al vecindario , que por ventanas y balcones se mostraba para satisfacer su curiosidad . Abríanse con singular chasquido las celosías , y caras diversas , casi todas de hembra , asomaban arriba y abajo . Cuando Pepe Rey llegó al arquitectónico umbral de la casa de Polentinos , ya se habían hecho multitud de comentarios diversos sobre su figura . IV La llegada del primo EL señor Penitenciario , cuando Rosarito se separó bruscamente de él , miró a los bardales , y viendo las cabezas del tío Licurgo y de su compañero de viaje , dijo para sí : — Vamos , ya está ahí ese prodigio . Quedóse un rato meditabundo , sosteniendo el manteo con ambas manos cruzadas sobre el abdomen , fija la vista en el suelo , con los anteojos de oro deslizándose suavemente hacia la punta de la nariz , saliente y húmedo el labio inferior , y un poco fruncidas las blanquinegras cejas . Era un santo varón piadoso y de no común saber , de intachables costumbres clericales , algo más de sexagenario , de afable trato , fino y comedido , gran repartidor de consejos y advertencias a hombres y mujeres . Desde luengos años era maestro de latinidad y retórica en el Instituto , cuya noble profesión dióle gran caudal de citas horacianas y de floridos tropos , que empleaba con gracia y oportunidad . Nada más conviene añadir acerca de este personaje , sino que cuando sintió el trote largo de las cabalgaduras que corrían hacia la calle del Condestable , se arregló el manteo , enderezó el sombrero , que no estaba del todo bien puesto en la venerable cabeza , y marchando hacia la casa , murmuró — — Vamos a ver ese prodigio . En tanto , Pepe bajaba de la jaca , y en el mismo portal le recibía en sus amantes brazos doña Perfecta , anegado en lágrimas el rostro y sin poder pronunciar sino palabras breves y balbucientes , expresión sincera de su cariño . — ¡ Pepe . . . pero qué grande estás ! . . . y con barbas . . . Me parece que fué ayer cuando te ponía sobre mis rodillas . . . ya estás hecho un hombre , todo un hombre . . . ¡ Cómo pasan los años ! . . . ¡ Jesús ! Aquí tienes a mi hija Rosario . Diciendo esto , habían llegado a la sala baja , ordinariamente destinada a recibir , y doña Perfecta presentóle a su hija .
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