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— XI — El magistral era gran madrugador . Su vida llena de ocupaciones de muy distinto género , no le dejaba libre para el estudio más que las horas primeras del día y las más altas de la noche . Dormía muy poco . Su doble misión de hombre de gobierno en la diócesis y sabio de la catedral le imponía un trabajo abrumador ; además , era un clérigo de mundo ; recibía y devolvía muchas visitas , y este cuidado , uno de los más fastidiosos , pero de los más importantes , le robaba mucho tiempo . Por la mañana estudiaba filosofía y teología , leía las revistas científicas de los jesuitas , y escribía sus sermones y otros trabajos literarios . Preparaba una Historia de la Diócesis de Vetusta , obra seria , original , que daría mucha luz a ciertos puntos obscuros de los anales eclesiásticos de España . De este libro , sin conocerlo , hablaba muy mal don Saturnino Bermúdez , cuando estaba un poco alegre , después de comer . Uno de sus secretos era , que « el Magistral merecía el nombre de sabio , pero no precisamente el de arqueólogo ; nadie sirve para todo » . Don Fermín escribía a la luz tenue y blanca del crepúsculo ; la mañana estaba fresca ; de vez en cuando , por vía de descanso , De Pas se entretenía en soplarse los dedos . Meditaba . Tenía los pies envueltos en un mantón viejo de su madre . Cubríale la cabeza un gorro de terciopelo negro , raído ; la sotana bordada de zurcidos , pardeaba de puro vieja , y las mangas de la chaqueta que vestía debajo de la sotana relucían con el brillo triste del paño muy rozado . Aquel traje sórdido , que tal contraste mostraba con la elegancia , riqueza y pulcritud que ante el mundo lucía el Magistral , desaparecía concluido el trabajo , al aproximarse la hora de las visitas probables . Entonces vestía don Fermín un cómodo , flamante y bien cortado balandrán , y en un rincón de la alcoba se escondían las zapatillas de orillo y el gorro con mugre ; el zapato que admiraba Bismarck , el delantero , y el solideo que brillaba como un sol negro , ocupaban los respectivos extremos del importante personaje . En su despacho sólo recibía a los que quería deslumbrar por sabio ; en Vetusta y toda su provincia la sabiduría no deslumbraba a casi nadie , y así la mayor parte de las visitas pasaban al salón inmediato . Pocos podían jactarse de conocer la casa del Provisor de arriba abajo ; casi nadie había visto más que el vestíbulo , la escalera , un pasillo , la antesala y el salón de cortinaje verde y sillería con funda de tela gris ; y aun el salón medio se veía porque estaba poco menos que a obscuras . Uno de los argumentos que empleaban los que defendían la honradez del Provisor , consistía en recordar la modestia de su ajuar y de su vida doméstica . Justamente se había hablado de esto la tarde anterior en el Espolón , en un corrillo de murmuradores , clérigos unos , seglares otros .
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