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No hablaron más . Se detuvo el carruaje ; el Magistral se levantó y saludó a las damas . La Regenta le sonrió como hubiera sonreído muchas veces a su madre si la hubiera conocido . De Pas no sabía sonreír de aquella manera ; la blandura de sus ojos no servía para tales trances , y contestó mirando con chispas de que él no se dio cuenta . . . ni Ana tampoco . Estaban en la entrada del Espolón , el paseo de los curas , según antiguo nombre . Allí se apeó don Fermín entre lamentos de doña Petronila . — Es usted muy desabrido — dijo la Marquesa , permitiéndose un tono familiar que empleaba con todos los canónigos menos con don Fermín . Y hasta se propasó a darle con el abanico cerrado en la mano . Quería significar así su deseo de estrechar la amistad algo fría que mediaba entre el Provisor y los Vegallana . Bien lo comprendió y lo agradeció De Pas . Intimar con los Vegallana era intimar con don Víctor y su esposa , ya lo sabía él ; siempre estaban juntos unos y otros , en el teatro , en paseo , en todas partes , y la Regenta comía en casa del Marqués muy a menudo . De modo que , para verla , allí mucho mejor que en la catedral . Todo esto se le pasó por las mientes al Magistral en el poco tiempo que necesitó para quitar el pie del estribo y hacer el último saludo a las señoras dando un paso atrás . — ¡ Anda , Bautista ! — gritó la Marquesa ; y la carretela siguió su marcha ante la expectación de sacerdotes , damas y caballeros particulares que paseaban en el Espolón , chiquillos que jugaban en el prado vecino y artesanos que trabajaban al aire libre . Los ojos del Magistral siguieron mientras pudieron el carruaje . La Regenta le sonreía de lejos , con la expresión dulce y casta de poco antes , y le saludaba tímidamente sin aspavientos con el abanico . . . . Después no se vio más que el anguloso perfil de Ripamilán , que movía los brazos como las aspas de un molino de muñecas . El otro coche pasó como un relámpago . De Pas vio una mano enguantada que le saludaba desde una ventanilla . Era una mano de Obdulia , la viuda eternamente agradecida . No saludaba con las dos , porque la izquierda se la oprimía dulce y clandestinamente Joaquinito Orgaz , quien jamás hizo ascos a platos de segunda mesa , en siendo suculentos . — XIV — Era el Espolón un paseo estrecho , sin árboles , abrigado de los vientos del Nordeste , que son los más fríos en Vetusta , por una muralla no muy alta , pero gruesa y bien conservada , a cuyos extremos ostentaban su arquitectura achaparrada sendas fuentes monumentales de piedra obscura , revelando su origen en el ablativo absoluto Rege Carolo III , grabado en medio de cada mole como por obra del agua resbalando por la caliza años y más años . Del otro lado limitaban el paseo largos bancos de piedra también ; y no tenía el Espolón más adorno , ni atractivo , a no ser el sol , que , como lo hubiera toda la tarde , calentaba aquella muralla triste .
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