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Llegáronse a un coche de damas los dos , y pidiéronme que picardease un rato . Dejéles la parte de las mozas y tomé el estribo de madre y tía . Eran las vejezuelas alegres , la una de cincuenta y la otra punto menos . Díjeles mil ternezas y oíanme , que no hay mujer , por vieja que sea , que tenga tantos años como presunción . Prometílas regalos y preguntélas del estado de aquellas señoras , y respondieron que doncellas , y se les echaba de ver en la plática . Yo dije lo ordinario : que las viesen colocadas como merecían ; y agradóles mucho la palabra colocadas . Preguntáronme tras esto que en qué me entretenía en la Corte . Yo les dije que en huir de un padre y madre que me querían casar contra mi voluntad con mujer fea y necia y mal nacida , por el mucho dote . - Y yo , señoras , quiero más una mujer limpia en cueros que una judía poderosa , que por bondad de Dios , mi mayorazgo vale al pie de cuatro mil ducados de renta , y si salgo con un pleito que traigo en buenos puntos , no habré menester nada . Saltó tan presto la tía : - ¡ Ay , señor , y cómo le quiero bien ! No se case sino con su gusto y mujer de casta , que le prometo que con ser yo no muy rica , no he querido casar mi sobrina , con haberle salido ricos casamientos , por no ser de calidad . Ella pobre es , que no tiene sino seis mil ducados de dote , pero no debe nada a nadie en sangre . - Eso creo muy bien - dije yo . En esto , las doncellicas remataron la conversación con pedir algo de merendar a mis amigos : Mirábase el uno a otro , y a todos tiembla la barba . Yo , que vi ocasión , dije que echaba menos mis pajes , por no tener con quien enviar a casa por unas cajas que tenía . Agradeciéronmelo y yo las supliqué se fuesen a la Casa del Campo al otro día , y que yo las enviaría algo fiambre . Aceptaron luego ; dijéronme su casa y preguntaron la mía . Y , con tanto , se apartó el coche , y yo y los compañeros comenzamos a caminar a casa . Ellos , que me vieron largo en lo de la merienda , aficionáronse , y por obligarme me suplicaron cenase con ellos aquella noche . Híceme algo de rogar , aunque poco , y cené con ellos , haciendo bajar a buscar mis criados y jurando de echarlos de casa . Dieron las diez , y yo dije que era plazo de cierto martelo y que , así , me diesen licencia . Fuime , quedando concertados de vernos a la tarde en la Casa del Campo . Fui a dar el caballo al alquilador , y desde allí a mi casa . Hallé los compañeros jugando quinolicas . Contéles el caso y el concierto hecho , y determinamos de enviar la merienda sin falta , y gastar doscientos reales en ella . Acostámonos con estas determinaciones . Yo confieso que no pude dormir en toda la noche con el cuidado de lo que había de hacer con el dote . Y lo que más me tenía en duda era el hacer de él una casa o darlo a censo , que no sabía yo cuál sería mejor y de más provecho . * * * * * Libro Tercero : Capítulo VII : En que se prosigue lo mismo , con otros sucesos y desgracias que le sucedieron .
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