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La señora de Moscoso cerró los ojos y apoyó la faz en los vidrios de la ventana . Procuraba contenerse : la energía y serenidad de su carácter querían salir a flote en tan deshecha tempestad . Pero agitaba sus hombros un temblor , que delataba la tiranía del sistema nervioso sobre su debilitado organismo . El temblor , por fin , fue disminuyendo y cesando . . . . Nucha se volvió , con los ojos secos y los nervios domados ya . - XXIV - Poco después sufrió una metamorfosis el vivir entumecido y soñoliento de los Pazos . Entró allí cierta hechicera más poderosa que la señora María la Sabia : la política , si tal nombre merece el enredijo de intrigas y miserias que en las aldeas lo recibe . Por todas partes cubre el manto de la política intereses egoístas y bastardos , apostasías y vilezas ; pero , al menos , en las capitales populosas , la superficie , el aspecto , y a veces los empeños de la lid , presentan carácter de grandiosidad . Ennoblece la lucha la magnitud del palenque ; asciende a ambición la codicia , y el fin material se sacrifica , en ocasiones , al fin ideal de la victoria por la victoria . En el campo , ni aun por hipocresía o histrionismo se aparenta el menor propósito elevado y general . Las ideas no entran en juego , sino solamente las personas , y en el terreno más mezquino : rencores , odios , rencillas , lucro miserable , vanidad microbiológica . Un combate naval en una charca . Forzoso es reconocer , no obstante , que en la época de la revolución , la exaltación política , la fe en las teorías llevada al fanatismo , lograba infiltrarse doquiera , saneando con ráfagas de huracán el mefítico ambiente de las intrigas cuotidianas en las aldeas . Vivía entonces España pendiente de una discusión de Cortes , de un grito que se daba aquí o acullá , en los talleres de un arsenal o en los vericuetos de una montaña ; y cada quince días o cada mes , se agitaban , se debatían , se querían resolver definitivamente cuestiones hondas , problemas que el legislador , el estadista y el sociólogo necesitan madurar lentamente , meditar quizás años enteros antes de descifrarlos , y que una multitud en revolución decide en pocas horas , mediante una acalorada discusión parlamentaria , o una manifestación clamorosa y callejera . Entre el almuerzo y la comida se reformaba , se innovaba una sociedad ; fumando un cigarro se descubrían nuevos principios , y en el fondo de la vorágine batallaban las dos grandes soluciones de raza , ambas fuertes porque se apoyaban en algo secular , lentamente sazonado al calor de la historia : la monarquía absoluta y la constitucional , por entonces disfrazada de monarquía democrática . La conmoción del choque llegaba a todos lados , sin exceptuar las fieras montañas que cercaban a los Pazos de Ulloa . También allí se politiqueaba . En las tabernas de Cebre , el día de la feria , se oía hablar de libertad de cultos , de derechos individuales , de abolición de quintas , de federación , de plebiscito - pronunciación no garantizada , por supuesto — . Los curas , al terminar las funciones , entierros y misas solemnes , se demoraban en el atrio , discutiendo con calor algunos síntomas recientes y elocuentísimos , la primer salida de aquellos famosos cuatro sacristanes , y otras menudencias . El señorito de Limioso , tradicionalista inveterado , como su padre y abuelo , había hecho dos o tres misteriosas excursiones hacia la parte del Miño , cruzando la frontera de Portugal , y susurrábase que celebraba entrevistas en Tuy con ciertos pájaros ; afirmábase también que las señoritas de Molende estaban ocupadísimas construyendo cartucheras y no sé qué más arreos bélicos , y a cada paso recibían secretos avisos de que se iba a practicar un registro en su casa .
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