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XXXVI No se consolaba Doña Paca de la ausencia de Nina , ni aun viéndose rodeada de sus hijos , que fueron a participar de su ventura , y a darle parte principal de la que ellos saboreaban con la herencia . Con aquel cambio de impresiones placenteras , fácilmente se transportaba el espíritu de la buena señora al séptimo cielo , donde se le aparecían risueños horizontes ; pero no tardaba en caer en la realidad , sintiendo el vacío por la falta de su compañera de trabajos . En vano la volandera imaginación de Obdulia quería llevársela , cogida por los cabellos , a dar volteretas en la región de lo ideal . Dejábase conducir Doña Francisca , por su natural afición a estas correrías ; pero pronto se volvía para acá , dejando a la otra , desmelenada y jadeante , de nube en nube y de cielo en cielo . Había propuesto la niña a su mamá vivir juntas , con el decoro que su posición les permitía . De hecho se separaba de Luquitas , señalándole una pensión para que viviera ; tomarían un hotel con jardín ; se abonarían a dos o tres teatros ; buscarían relaciones y amistades de gente distinguida . . . « Hija , no te corras tanto , que aún no sabes lo que te rentará tu mitad de la Almoraima ; y aunque yo , por lo que recuerdo de esa hermosa finca , calculo que no será un grano de anís , bueno es que sepas qué tamaño ha de tener la sábana antes de estirar la pierna » . Al decir esto , hablaba la viuda de Zapata con las ideas de la práctica Nina , que se renovaban en su mente y en ella lucían como las estrellas en el Cielo . Por de pronto , Obdulia dejó su casa de la calle de la Cabeza , instalándose con su madre , movida del propósito de buscar pronto vivienda mejor , nuevecita y en sitio alegre , hasta que llegara el día de sentar sus reales en el hotel que ambicionaba . Aunque más moderada que su hija en el prurito de grandezas , sin duda por el vapuleo con que la domara la implacable experiencia , Doña Paca se iba también del seguro , y creyéndose razonable , dejábase vencer de la tentación de adquirir superfluidades dispendiosas . Se le había metido entre ceja y ceja la compra de una buena lámpara para el comedor , y hasta que viese satisfecho su capricho , no podía tener sosiego la pobre señora . El maldito Polidura le proporcionó el negocio , encajándole un disforme mamotreto , que apenas cabía en la casa , y que , colgado en su sitio , tocaba en la mesa con sus colgajos de cristal . Como pronto habían de tener casa de techos altos , esto no era inconveniente . También le hizo adquirir el de los caracoles unos muebles chapeados de palosanto , y algunas alfombras buenas , que tuvieron el acierto de no colocar , extendiendo sólo retazos allí donde cabían , para darse el gusto de pisar en blando . Obdulia no cesaba de dar pellizcos al tesoro de su mamá para adquirir tiestos de bonitas plantas , en los próximos puestos de la Plazuela de Santa Cruz , y en dos días puso la casa que daba gloria verla : los sucios pasillos se trocaron en vergeles , y la sala en risueño pensil . En previsión de la vida de hotel , adquirió también plantas decorativas de gran tamaño , latanias , palmitos , ficus y helechos arborescentes . Veía Doña Francisca con gozo la irrupción del reino vegetal en su triste morada , y ante tanta belleza , sentía emociones propiamente infantiles , como si al cabo de la vejez volviera a jugar con los nacimientos . « ¡ Benditas sean las flores — decía , paseándose por sus encantados jardines — , que dan alegría a las casas , y bendito sea Dios , que si no nos permite disfrutar del campo , nos consiente , por poco dinero , que traigamos el campo a casa ! » .
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