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Capítulo LV Durante un año tuve dos veces cada mes cartas de María . Las últimas estaban llenas de una melancolía tan profunda que , comparadas con ellas , las primeras que recibí parecían escritas en nuestros días de felicidad En vano había tratado de reanimarla diciéndole que esa tristeza destruiría su salud , por más que hasta entonces hubiese sido tan buena como me lo decía ; en vano . « Yo sé que no puede faltar mucho para que yo te vea » , me había contestado : « desde ese día ya no podré estar triste : estaré siempre a tu lado . . . No , no ; nadie podrá volver a separarnos » . La carta que contenía esas palabras fue la única de ella que recibí en dos meses . En los últimos días de junio , una tarde se me presentó el señor A * * * , que acababa de llegar de París , y a quien no había visto desde el pasado invierno . - Le traigo a usted cartas de su casa - me dijo después de habernos abrazado . - ¿ De tres correos ? - De uno solo . Debemos hablar algunas palabras antes - me observó , reteniendo el paquete . Noté en su semblante algo siniestro que me turbó . - He venido - añadió después de haberse paseado silencioso algunos instantes por el cuarto - , a ayudarle a usted a disponer su regreso a América . - ¡ Al Cauca ! - exclamé , olvidado por un momento de todo , menos de María y de mi país . - Sí - me respondió - , pero ya habrá usted adivinado la causa . - ¡ Mi madre ! - prorrumpí desconcertado . - Está buena - respondió . - ¿ Quién , pues ? - grité asiendo el paquete que sus manos retenían . - Nadie ha muerto . - ¡ María ! ¡ María ! - exclamé como si ella pudiera acudir a mis voces , y caí sin fuerzas sobre el asiento . - Vamos - dijo procurando hacerse oír el señor A * * * - : para esto fue necesaria mi venida . Ella vivirá si usted llega a tiempo . Lea usted las cartas , que ahí debe venir una de ella . « Vente - me decía - , ven pronto , o me moriré sin decirte adiós . Al fin me consienten que te confiese la verdad : hace un año que me mata hora por hora esta enfermedad de que la dicha me curó por unos días . Si no hubieran interrumpido esa felicidad , yo habría vivido para ti . » Si vienes . . . sí vendrás , porque yo tendré fuerza para resistir hasta que te vea ; si vienes hallarás solamente una sombra de tu María ; pero esa sombra necesita abrazarte antes de desaparecer . Si no te espero , si una fuerza más poderosa que mi voluntad me arrastra sin que tú me animes , sin que cierres mis ojos , a Emma le dejaré para que te lo guarde , todo lo que yo sé te será amable : las trenzas de mis cabellos , el guarda - pelo en donde están los tuyos y los de mi madre , la sortija que pusiste en mi mano en vísperas de irte , y todas tus cartas . » Pero ¿ a qué afligirte diciéndote todo esto ? Si vienes , yo me alentaré ; si vuelvo a oír tu voz , si tus ojos me dicen un solo instante lo que ellos solos sabían decirme , yo viviré y volveré a ser como antes era . Yo no quiero morirme ; yo no puedo morirme y dejarte solo para siempre » . - Acabe usted - me dijo el señor A * * * , recogiendo la carta de mi padre caída a mis pies - . Usted mismo conocerá que no podemos perder tiempo . Mi padre decía lo que yo había sabido ya demasiado cruelmente . Quedábales a los médicos sólo una esperanza de salvar a María : la que les hacía conservar mi regreso . Ante esa necesidad mi padre no vaciló ; ordenábame regresar con la mayor precipitud posible , y se disculpaba por no haberlo dispuesto así antes . Dos horas después salí de Londres .
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