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Hube de reunir todo el resto de mi valor para llamar a la puerta de la casa . Un paje abrió . Apeándome boté las bridas en sus manos y recorrí precipitadamente el zaguán y parte del corredor que me separaba de la entrada al salón : estaba oscuro . Me había adelantado pocos pasos en él cuando oí un grito y me sentí abrazado . - ¡ María ! ¡ mi María ! - exclamé , estrechando contra mi corazón aquella cabeza entregada a mis caricias . - ¡ Ay ! no , no , ¡ Dios mío ! - interrumpióme sollozando . Y desprendiéndose de mi cuello cayó sobre el sofá inmediato : era Emma . Vestía de negro , y la luna acababa de bañar su rostro lívido y regado de lágrimas . Se abrió la puerta del aposento de mi madre en ese instante . Ella , balbuciente y palpándome con sus besos , me arrastró en los brazos al asiento donde Emma estaba muda e inmóvil . - ¿ Dónde está , pues , dónde está ? - grité poniéndome en pie . - ¡ Hijo de mi alma ! - exclamó mi madre con el más hondo acento de ternura y volviendo a estrecharme contra su seno - : ¡ en el cielo ! Algo como la hoja fría de un puñal penetró en mi cerebro : faltó a mis ojos luz y a mi pecho aire . Era la muerte que me hería . . . Ella , tan cruel e implacable , ¿ por qué no supo herir ? . . . Capítulo LXI Me fue imposible darme cuenta de lo que por mí había pasado , una noche que desperté en un lecho rodeado de personas y objetos que casi no podía distinguir . Una lámpara velada , cuya luz hacía más opacas las cortinas de la cama , difundía por la silenciosa habitación una claridad indecisa . Intenté en vano incorporarme ; llamé , y sentí que estrechaban una de mis manos ; torné a llamar , y el nombre que débilmente pronunciaba tuvo por respuesta un sollozo . Volvíme hacia el lado de donde éste había salido y reconocí a mi madre , cuya mirada anhelosa y llena de lágrimas estaba fija en mi rostro . Me hizo casi en secreto y con su más suave voz , muchas preguntas para cerciorarse de si estaba aliviado . - ¿ Conque es verdad ? - le dije cuando el recuerdo aún confuso de la última vez en que la había visto , vino a mi memoria . Sin responderme , reclinó la frente en el almohadón uniendo así nuestras cabezas . Después de unos momentos tuve la crueldad de decirle : - ¡ Así me engañaron ! . . . ¿ A qué he venido ? - ¿ Y yo ? - me interrumpió humedeciendo mi cuello con sus lágrimas . Mas su dolor y su ternura no conseguían que algunas corriesen de mis ojos . Se trataba sin duda de evitarme toda fuerte emoción , pues poco rato después se acercó silencioso mi padre , y me estrechó una mano , mientras se enjugaba los ojos sombreados por el insomnio . Mi madre , Eloísa y Emma se turnaron aquella noche para velar cerca de mi lecho , luego que el doctor se retiró prometiendo una lenta pero positiva reposición . Inútilmente agotaron ellas sus más dulces cuidados para hacerme conciliar el sueño . Así que mi madre se durmió rendida por el cansancio , supe que hacía algo más de veinticuatro horas que me hallaba en casa . Emma sabía lo único que me faltaba saber : la historia de sus últimos días . . . sus últimos momentos y sus últimas palabras . Sentía que para oír esas confidencias terribles me faltaba valor , pero no pude dominar mi sed de dolorosos pormenores , y le hice muchas preguntas . Ella sólo me respondía con el acento de una madre que hace dormir a su hijo en la cuna : - Mañana . Y acariciaba mi frente con sus manos o jugaba con mis cabellos .
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