Skip the article text Tap any word to see its translation
Las horas corrían , sin embargo , derramando en el espíritu de Asís el opio del fastidio . . . Cada rodar de coches por la retirada calle en que habitaban las Cardeñosas , le producía una sacudida eléctrica . Al fin hubo uno que paró delante de la casa misma . . . ¡ Bendito sea Dios ! Por encanto recobró la dama su alegría y su amabilidad de costumbre , y cuando la criada vino á decir : — « Está el coche de la señora Marquesa » , — tuvo el heroismo de responder con indiferencia fingida : — Gracias , que se aguarde . A los dos minutos , alegando que había madrugado un poco , arrimaba las mejillas al pálido pergamino de la de sus tías , daba un glacial beso al aire y bajaba la escalera repitiendo : — Sí . . . , cualquier día de estos . . . ¡ Qué ! Si he pasado un rato buenísimo . . . ¿ Mañana sin falta . . . eh ? las papeletas de los Asilos . Mil cosas al Padre Urdax . Al tirar de la campanilla en su casa , tuvo una corazonada rarísima . Las hay , las hay , y el que lo niegue es un miope del corazón , que rehusa á los demás la acuidad del sentido porque á él le falta . Asís , mientras sonata el campanillazo , sintió un hormigueo y un temblor en el pulso , como si semejante tirón fuese algún acto muy importante y decisivo en su existencia . Y no experimentó ninguna sorpresa , aunque sí una violenta emoción que por poco la hace caerse redonda al suelo , cuando en vez de la Diabla ó del criado vió que le abría la puerta aquel pillo , aquel grandiosísimo truhán . XI LO bueno fué que la dama , lejos de mostrar extrañeza , saludó á Pacheco como si el encontrarle allí á tales horas le pareciese la cosa más natural del mundo , y , recíprocamente , Pacheco empleó también con ella todas las fórmulas de cortesía acostumbradas cuando un caballero se dirige á una señora de cumplido , respetable , ya que no por sus años , por su carácter y condición . Se hizo atrás para dejarla pasar , y al seguirla al saloncito de confianza , donde ardía sobre la mesa de tijera la gran lámpara con pantalla rosa velada de encaje , se quedó próximo á la puerta y en pié , como el que espera una orden de despedida . — Siéntese V . , Pacheco . . . — tartamudeó la señora , bastante aturrullada aún . El gaditano no se sentó , pero adelantó despacio , como receloso ; parecía , por su continente , algún hombre poco avezado á sociedad : pero este aspecto , que Asís atribuyó á hipocresía refinada , contrastaba de un modo encantador con la soltura de su cuerpo y modales , la elegancia no estudiada de su vestir , la finura de su chaleco blanquísimo , su tipo de persona principal . Viéndole tan contrito , Asís se rehizo y cobró ánimos . — « Gran ocasión de leerle la cartilla al señorito éste : ¿ conque muy manso y fingiéndose arrepentido , eh ? Ahora lo verás . . . » — Porque la dama , en su inexperiencia , se había figurado que su compañero de romería iba á entrar hecho un sargento , y á las primeras de cambio la iba á soltar un abrazo furibundo ó cualquier gansada semejante . . . Pero ya que gracias á Dios se manifestaba tan comedido , bien podía la señora acusarle las cuarenta . Y Asís abrió la boca y exclamó :
Back Page 42 of 86 Page 42 of 86 Next Keep reading with translations Create a free account: 7 days of Pro, then 20 word translations a day or a paid plan.