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Salí de casa del marqués en un estado de ánimo indefinible . No había medio de desmentirle , y al mismo tiempo la incredulidad persistía . Impresionado , no obstante , por las firmes y categóricas declaraciones del dandy , me dediqué desde aquel punto , no á cortejar á Leonor , sino á observar á Cardona . Procuré hablarle mucho , hacerle hablar , y fuí sacando , hilo por hilo , conversaciones referentes á la fidelidad conyugal , á los lances que pueden originar un error , á las alucinaciones que á veces sufrimos , á los estragos que causa la fantasía . . . Por fin , un día , como al descuido , dejé deslizar en el diálogo el nombre del marqués de Cazalla y una alusión á sus conquistas . . . Y entonces Cardona , mirándome cara á cara , con gesto entre burlón y grave , preguntó : — ¿ Qué ? ¿ Ya te han enviado allá á ti también ? ¡ Pobrecilla Leonor , está visto que no tiene cura ! No necesité más para confesar de plano mis gestiones , y Cardona , sonriendo , aunque algo alterada su sonora voz , me dijo : — Has de saber que cuando fuí á casa del marqués de Cazalla , ya llevaba yo ciertos barruntos y sospechas de la alucinación de Leonor , de la cual me convencí plenamente después . Si bien no parezco celoso , y hasta se diría que me pierdo por confiado , he vigilado á Leonor siempre , porque la quiero mucho , y en ninguna época hubiese podido ella cometer , sin que yo me enterase , los delitos de que se acusaba . Comprendí que se trataba de una fantasmagoría , de un sueño , y me resigné á la hipótesis de una falta imaginaria . . . ¡ Quién sabe si ese fantasma de pasión y arrepentimiento la sirve de escudo contra la realidad ! Lo que te aseguro es que Leonor , viviendo yo , nunca saldrá de la región de los fantasmas . . . ¡ Y no volvamos á hablar de esto en la vida ! Aproveché el aviso , y de allí en adelante evité quedarme á solas con Leonor , y hasta fijar la mirada en sus obscuros ojos , nublados por la quimera . La perla rosa SÓLO el hombre que de día se encierra y vela muchas horas de la noche para ganar con qué satisfacer los caprichos de una mujer querida ( díjome en quebrantada voz mi infeliz amigo ) comprenderá el placer de juntar á escondidas una regular suma , y así que la redondea , salir á invertirla en el más quimérico , en el más extravagante é inútil de los antojos de esa mujer . Lo que ella contempló á distancia como irrealizable sueño , lo que apenas hirió su imaginación con la punzada de un deseo loco , es lo que mi iniciativa , mi laboriosidad y mi cariño van á darla dentro de un instante . . . y ya creo ver la admiración en sus ojos , y ya me parece que siento sus brazos ceñidos á mi cuello , para estrecharme con delirio de gratitud .
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