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— Hace un momento sentía que ella no viniese — murmuró cogiéndome las manos entre las suyas abrasadoras . — Ahora me alegro . Ya que me cuesta la vida , que no me cueste también el alma . ¿ Que cómo hice la atrocidad , el cobarde asesinato de Ortiz ? Mira , casi no lo sé . Me parece que quien cometió esa acción villana no fué Ramiro Quesada , sino otra persona , un hombre distinto de mí , que se me entró en el cuerpo . ¿ Te acuerdas de lo alegre , de lo franco que era yo ? Desde que me acerqué á . . . esa mujer . . . me volví otro . Estaba embrujado . . . Su marido , á quien ofendíamos , me parecía mi enemigo personal , el obstáculo á nuestra felicidad ; le odiaba . . . creo que más de lo que la amaba á ella . Así que ella lo notó . . . ¡ guárdame siempre el secreto ! ¡ no lo digas ni á tu madre ! empezó á insinuarme , con medias palabras , la posibilidad del crimen . No hablábamos claro de ese asunto , pero nos entendíamos perfectamente ; formábamos planes de retirarnos al campo después , y hasta — mira qué detalle — ella se compró un traje negro nuevo , diciendo que eso siempre sirve . Como un tornillo se fijó en mi cerebro el propósito del crimen . Y así que ella me vió resuelto , se franqueó , me exaltó más , me ofreció que compartiría mi destino , fuese el que fuese . . . Aquí se detuvo Ramiro , y vi que se alteraba más profundamente su rostro . Con voz húmeda murmuró : — Yo no quería tanto . . . ¡ Compartir mi destino ! Ya ves que ante el Consejo he logrado salvarla . . . Prefiero morir solo . . . Pero verla aquí , un momento . . . antes de . . . Al fin , si fuí asesino , lo fuí por ella , sólo por ella . . . ¡ Maldita sea mi suerte ! Si no conozco á esa mujer , soy siempre honrado y tal vez me matan defendiendo á la Patria . ¡ El sino del hombre ! . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . — ¿ Y le fusilaron ? — preguntamos ansiosos . — ¡ Pues no ! Según deseaba el General , á un tiempo se cavó la hoya del marido y la del amante . Yo , después del horrible día , me marché de M * * * , donde me consumía el tedio . Al volver , pasados cinco años , tuve curiosidad de saber qué había sido de la esposa del capitán Ortiz . . . y aquí de lo que decíamos : supe que vivía tranquila , casada en segundas nupcias con un acaudalado caballero . Sin embargo , en M * * * era pública la causa del triste fin de Ramiro . . . Acabó así su relato Carmona , y vimos que inclinaba la cabeza , abrumado por memorias crueles . La cabellera de Laura MADRE é hija vivían , si vivir se llama aquello , en húmedo zaquizamí , al cual se bajaba por los raídos peldaños de una escalera abierta en la tierra misma : la claridad entraba á duras penas , macilenta y recelosa , al través de un ventanillo enrejado ; y la única habitación les servía de cocina , dormitorio y cámara . Encerrada allí pasaba Laura los días , trabajando afanosamente en sus randas y picos de encaje , sin salir nunca ni ver la luz del sol , cuidando á su madre achacosa , y consolándola siempre que renegaba de la adversa fortuna . ¡ Hallarse reducidas á tal extremidad dos damas de rancio abolengo , antaño poseedoras de haciendas , dehesas y joyas á porrillo ! ¡ Acostarse á la luz de un candil ellas , á quienes habían alumbrado pajes con velas de cera en candelabros de plata ! No lo podía sufrir la hoy menesterosa señora , y cuando su hija , con el acento tranquilo de la resignación , la aconsejaba someterse á la divina voluntad , sus labios exhalaban murmullos de impaciencia y coléricas maldiciones .
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