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Eva se conocía bien , no porque fuese muy reflexiva , sino porque poseía instinto sagaz y certero ; y conociéndose , sabía que era capaz de engatusar con maulas y zalamerías al mismo diablo , que no al Amor , de suyo inflamable y fácil de seducir . Propúsose , pues , chasquear al Amor , y desembarazarse de él sobre seguro y traicioneramente , asesinándole . Preparó sus redes y anzuelos , y poniendo en ellos cebo de flores y de miel dulcísima , atrajo al Amor haciéndole graciosos guiños y dirigiéndole sonrisas de embriagadora ternura y palabras entre graves y mimosas , en voz velada por la emoción , de notas más melodiosas que las del agua cuando se destrenza sobre guijas ó cae suspirando en morisca fuente . Y el Amor acudió volando , alegre , gentil , feliz , aturdido y confiado como niño , impetuoso y engreído como mancebo , plácido y sereno como varón vigoroso . Eva le acogió en su regazo ; acaricióle con felina blandura ; sirvióle golosinas ; le arrulló para que se adormeciese tranquilo , y así que le vió calmarse recostando en su pecho la cabeza , se preparó á extrangularle , apretándole la garganta con rabia y brío . Un sentimiento de pena y lástima la contuvo , sin embargo , breves instantes . ¡ Estaba tan lindo , tan divinamente hermoso el condenado Amor aquél ! Sobre sus mejillas de nácar , palidecidas por la felicidad , caía una lluvia de rizos de oro , finos como las mismas hebras de la luz ; y de su boca purpúrea , risueña aún , de entre la doble sarta de piñones mondados de sus dientes , salía un soplo aromático , igual y puro . Sus azules pupilas , entreabiertas , húmedas , conservaban la languidez dichosa de los últimos instantes ; y plegadas sobre su cuerpo de helénicas proporciones , sus alas color de rosa parecían pétalos arrancados . Eva notó ganas de llorar . . . No había remedio ; tenía que asesinarle si quería vivir digna , respetada , libre . . . Y cerrando los ojos por no ver al muchacho , apretó las manos enérgicamente , largo , largo tiempo , horrorizada del estertor que oía , del quejido sordo y lúgubre exhalado por el Amor agonizante . Al fin Eva soltó á su víctima y la contempló . . . El Amor ni respiraba ni se rebullía : estaba muerto , — tan muerto como mi abuela . Al punto mismo que se cercioraba de esto , la criminal percibió un dolor terrible , extraño , inexplicable , algo como una ola de sangre que ascendía á su cerebro , y como un aro de hierro que oprimía gradualmente su pecho , asfixiándola . Comprendió lo que sucedía . . . El Amor , á quien creía tener en brazos , estaba más adentro , en su mismo corazón , y Eva , al asesinarle , se había suicidado . El viajero FRÍA , glacial era la noche . El viento silbaba medroso y airado , la lluvia caía tenaz , ya en ráfagas , ya en fuertes chaparrones ; y las dos ó tres veces que Marta se había atrevido á acercarse á su ventana por ver si aplacaba la tempestad , la deslumbró la cárdena luz de un relámpago y la horrorizó el rimbombar del trueno , tan encima de su cabeza , que parecía echar abajo la casa .
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