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La serrana tomó el arma , y á juzgar por su actitud y el estupor inmenso revelado en su mirar , parecía que ella misma no se daba cuenta de su acción . Pero alzando el arma con mano temblorosa , apuntó hacia el campo , tiró del gatillo é hizo fuego . Mil gritos y ardientes aplausos acogieron este disparo , y la serrana soltó el fusil . Estaba radiante de satisfacción , y el júbilo encendió de nuevo sus mejillas . — ¿ Ves ? ya has perdido el miedo — dijo el Mínimo . — Si á estas cosas no hay más que tomarlas el gusto . Lo mismo debieran hacer todas las zaragozanas , y de ese modo la Agustina y Casta Alvarez no serían una gloriosa excepción entre las de su sexo . — ¡ Venga otro fusil ! — exclamó la serrana , — que quiero tirar otra vez . — Se han marchado ya , prenda . ¿ Te ha sabido á bueno ? — dijo Pirli , preparándose á hacer desaparecer algo de lo que contenían las cestas . — Mañana , si quieres , estás convidada á un poco de torta caliente . Ea , sentémonos , y á comer . El fraile , llamando á su perrillo , le decía : — Basta , hijo , no ladres tanto , ni lo tomes tan á pechos , que vas á quedarte ronco . Guarda ese arrojo para mañana : por hoy , no hay en qué emplearlo , pues si no me engaño van á toda prisa á guarecerse detrás de sus parapetos . En efecto : la escaramuza de los de San José había concluído , y por el momento no teníamos franceses á la vista . Un rato después sonó de nuevo la guitarra , y regresando las mujeres , comenzaron los dulces vaivenes de la jota con Manuela Sancho y el gran Pirli en primera línea . X Cuando desperté al amanecer del siguiente día , ví á Montoria , que se paseaba por la muralla . — Creo que va á empezar el bombardeo — me dijo . — Se nota gran movimiento en la línea enemiga . — Empezarán por batir este reducto — indiqué yo , levantándome con pereza . — ¡ Qué feo está el cielo , Agustín ! El día amanece muy triste . — Creo que atacarán por todas partes á la vez , pues tienen hecha su segunda paralela . Ya sabes que Napoleón , hallándose en París , al saber la resistencia de esta ciudad en el primer sitio , se puso furioso contra Lefebvre Desnouettes porque había embestido la plaza por el Portillo y la Aljafería . Luego pidió un plano de Zaragoza ; se lo dieron , é indicó que la ciudad debía ser atacada por Santa Engracia . — ¿ Por aquí ? Pronto lo veremos . Mal día se nos prepara si se cumplen las órdenes de Napoleón . Dime : ¿ tienes por ahí algo que comer ? — No te lo enseñé antes porque quise sorprenderte , — me dijo , mostrándome un cesto , que servía de sepulcro á dos aves asadas , fiambres , con algunas confituras y conservas finas . — ¿ Lo has traído anoche . . . ? Ya . ¿ Cómo pudiste salir del reducto ? — Pedí licencia al jefe , y me la concedió por una hora . Mariquilla tenía preparado este festín . Si el tío Candiola sabe que dos de las gallinas de su corral han sido muertas y asadas para regalo de los defensores de la ciudad , se le llevarán los demonios . Comamos , pues , Sr . Araceli , y esperemos ese bombardeo . . . ¡ Eh ! ¡ Aquí está . . . una bomba , otra , otra !
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