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— Estos solterones vagabundos y ricos son así . . . Están viciosos , estragados , mimosos ; y como se han acostumbrado a hacer su gusto , piden mediodía a catorce horas . Ahí le tienes ya , aburrido , enfermo ; no sabe qué hacerse ; quiere calor de familia y no le encuentra en ninguna parte . Bien merecido le está ; me alegro . Que lo pague . Y para mayor desgracia , se engolosina ahora con Jacinta . Lo que a él le enciende el amor es la resistencia ; y las que tienen fama de honradas , le entusiasman , y las que sobre tener fama , lo son , le vuelven loco . Con Jacinta debe de haber sostenido una guerra tremenda , sí , tremenda ; pero al fin , ella se ha rendido , no te quepa duda . Yo fui Metz , que cayó demasiado pronto ; y ella es Belfort , que se defiende ; pero al fin cae también . . . ¡ Ah ! , las señas son mortales . El primo va a la casa todos los días , y la acecha cuando sale , para hacerse el encontradizo . . . Algunas tardes no parece por la tienda . ¿ Tendrán citas ? He aquí mi idea . Te juro que lo he de averiguar . Imposible que yo no lo averigüe . Aunque tuviera que perder mi colocación , aunque me quedara sin camisa que ponerme . . . ¡ Qué infamia ! Y miren la otra , la mosquita muerta , con su cara de Niño Jesús y su fama de virtud . Sí ; santidades a cuarto ; véase la clase . Te aseguro que el día en que esto estalle y haya la gran tragedia , será el día más feliz de mi vida . ¿ Pues qué cree ese ? ¿ Que se puede engañar , y engañar , y engañar siempre , y burlarse de los pobres maridos ? Pues ya cayó otro ; solamente que ahora no da con mi Fenelón , que era un santo y no sospechaba de nadie más que de los prusianos . Ahora da con un hombre templado , tu amigo , que no se conformará con esta deshonra , ¿ verdad ? Te aseguro que le va a arder el pelo al tal primito con todo su mal de corazón y su extranjerismo . Fortunata no chistó . Aquella revelación le había dejado tan atontada , cual si le descargasen un fuerte golpe en la cabeza . Jacinta . . . ¡ Jesús ! . . el modelito , el ángel , la mona de Dios . . . ¿ Qué diría Guillermina , la obispa , empeñada en convertir a la gente y en ver la que peca y la que no peca ? . . . ¿ Qué diría ? . . . ja , ja , ja . . . ¡ Ya no había virtud ! ¡ Ya no había más ley que el amor ! . . . ¡ Ya podía ella alzar su frente ! Ya no le sacarían ningún ejemplo que la confundiera y abrumara . Ya Dios las había hecho a todas iguales . . . para poderlas perdonar a todas . - II - Insomnio i - A las doce de un hermoso día de Octubre , D . Manuel Moreno - Isla regresaba a su casa , de vuelta de un paseíto por Hide Park . . . digo , por el Retiro . Responde la equivocación del narrador al quid pro quo del personaje , porque Moreno , en las perturbaciones superficiales que por aquel entonces tenía su espíritu , solía confundir las impresiones positivas con los recuerdos . Aquel día , no obstante , el cansancio que experimentaba , determinando en él un trabajo mental comparativo , permitíale apreciar bien la situación efectiva y el escenario en que estaba . « Muy mal debe andar la máquina , cuando a mitad de la calle de Alcalá ya estoy rendido . Y no he hecho más que dar la vuelta al estanque .
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