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Dios , al fin , apreciando los méritos de aquella heroína , que ni un punto se apartaba de su puesto en el combate social , echó una mirada de benevolencia sobre el muestrario y después lo bendijo . La primera chica que se casó fue la segunda , llamada Candelaria , y en honor de la verdad , no fue muy lucido aquel matrimonio . Era el novio un buen muchacho , dependiente en la camisería de la viuda de Aparisi . Llamábase Pepe Samaniego y no tenía más fortuna que sus deseos de trabajar y su honradez probada . Su apellido se veía mucho en los rótulos del comercio menudo . Un tío suyo era boticario en la calle del Ave María . Tenía un primo pescadero , otro tendero de capas en la calle de la Cruz , otro prestamista , y los demás , lo mismo que sus hermanos , eran todos horteras . Pensaron primero los de Arnaiz oponerse a aquella unión ; mas pronto se hicieron esta cuenta : « No están los tiempos para hilar muy delgado en esto de los maridos . Hay que tomar todo lo que se presente , porque son siete a colocar . Basta con que el chico sea formal y trabajador » . Casose luego la mayor , llamada Benigna en memoria de su abuelito el héroe de Boteros . Esta sí que fue buena boda . El novio era Ramón Villuendas , hijo mayor del célebre cambiante de la calle de Toledo ; gran casa , fortuna sólida . Era ya viudo con dos chiquillos , y su parentela ofrecía variedad chocante en orden de riqueza . Su tío D . Cayetano Villuendas estaba casado con Eulalia hermana del marqués de Casa - Muñoz , y poseía muchos millones ; en cambio , había un Villuendas tabernero y otro que tenía un tenducho de percales y bayetas llamado El Buen Gusto . El parentesco de los Villuendas pobres con los ricos no se veía muy claro ; pero parientes eran y muchos de ellos se trataban y se tuteaban . La tercera de las chicas , llamada Jacinta , pescó marido al año siguiente . ¡ Y qué marido ! . . . Pero al llegar aquí , me veo precisado a cortar esta hebra , y paso a referir ciertas cosas que han de preceder a la boda de Jacinta . - III - Estupiñá - i - En la tienda de Arnaiz , junto a la reja que da a la calle de San Cristóbal , hay actualmente tres sillas de madera curva de Viena , las cuales sucedieron hace años a un banco sin respaldo forrado de hule negro , y este banco tuvo por antecesor a un arcón o caja vacía . Aquélla era la sede de la inmemorial tertulia de la casa . No había tienda sin tertulia , como no podía haberla sin mostrador y santo tutelar . Era esto un servicio suplementario que el comercio prestaba a la sociedad en tiempos en que no existían casinos , pues aunque había sociedades secretas y clubs y cafés más o menos patrióticos , la gran mayoría de los ciudadanos pacíficos no iba a ellos , prefiriendo charlar en las tiendas . Barbarita tiene aún reminiscencias vagas de la tertulia en los tiempos de su niñez . Iba un fraile muy flaco que era el padre Alelí , un señor pequeñito con anteojos , que era el papá de Isabel , algunos militares y otros tipos que se confundían en su mente con las figuras de los dos mandarines .
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