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Leopoldo Montes aspiraba a que Rubín le llevase de secretario ; pero esto no era fácil . « Chico , yo se lo diré a Villalonga . Creo que me dan el secretario hecho . . . Veremos si te meto de inspector de policía » . Otros tertuliantes sentían envidia , y aunque felicitaban y adulaban al favorecido , al propio tiempo hacían pronósticos de las dificultades que había de tener en el gobierno de su ínsula . Pero ello es que la lisonja y la envidia , la codicia ambiciosa , la curiosidad y la novelería aumentaban considerablemente el personal de la tertulia en el tiempo que medió entre el nombramiento y la salida de Rubín para su destino . Mucho ajetreo tuvo aquellos días para arreglar sus asuntos y proveerse de ropa . Y no dejaron de molestarle también y entorpecerle ciertas disensiones domésticas , pues Refugio , que ya se estaba dando pisto de gobernadora , y se había despedido de sus amigas con ofrecimientos de protección a todo el género humano , se quedó helada cuando su señor le dijo que no la podía llevar . . . Pucheros , lloros , apóstrofes , quejas , gritos . . . « Pero , hija de mi alma , hazte cargo de las cosas ; no seas así . ¿ No comprendes que no me puedo presentar en mi capital de provincia con una mujer que no es mi mujer ? ¡ Qué diría la alta sociedad , y la pequeña sociedad también , y la burguesía ! . . . Me desprestigiaría , chica , y no podríamos seguir allí . Esto no puede ser . Pues estaría bueno que un gobernador , cuya misión es velar por la moral pública , diera tal ejemplo . ¡ El encargado de hacer respetar todas las leyes , faltando a las más elementales ! . . . ¡ Bonita andaría la sociedad , si el representante del Estado predicara prácticamente el concubinato ! Ni que estuviéramos entre salvajes . . . Convéncete de que no puede ser . Tú te quedas aquí y yo te mandaré lo que vayas necesitando . . . Pero lo que es allá no me pongas los pies . . . porque si lo hicieras , tu chachito se vería en el caso de cogerte . . . ya sabes que tengo mucho carácter . . . de cogerte y mandarte para acá por tránsitos de la Guardia civil » . - VI - Final - i - Fortunata sintió ruido en la puerta y esta voz : « ¿ Se puede ? » . — « Pase usted , D . Segismundo » dijo reconociendo al regente de la botica . Y entró el tal con cara risueña y actitud oficiosa , como de persona que cree ser útil . Estaba la joven incorporada en su lecho , con chambra y pañuelo a la cabeza . « ¡ Qué reguapa está ! — pensaba Ballester al saludarla , apretándole mucho la mano — . ¡ Lástima de mujer ! » . « Ayer no pasó usted — le dijo ella con amabilidad — , porque yo no sabía quién era , y no quiero recibir visitas . Estoy muerta de miedo , y por las noches sueño que alguien viene a robármelo . ¿ Quiere usted verle ? . . . » . A su lado estaba , durmiendo con plácido sueño , el recién venido personaje , cuyas precoces gracias quería mostrar a su amigo . Así lo hizo con más orgullo que vergüenza , y apartó las sábanas , dejando ver la carita sonrosada y los puños cerrados del tierno niño . « ¡ Cuidado que es bonito ! » dijo Ballester inclinándose — . Tiene a quien salir por una y otra banda .
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