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NELL Mamita , ¿ te acompañamos a tu casa , o nos quedamos un rato con el abuelo ? LUCRECIA Como queráis . DOLLY No , no : decídelo . LUCRECIA Lo que el abuelo disponga . EL CONDE Me parece natural que si vuestra mamá se va esta tarde , estéis a su lado hasta la hora de partir . ( Besa a las niñas . ) ¡ Oh ! no os veo bien , no os distingo ; me parecéis una sola . . . EL MÉDICO ¿ Qué ? ¿ La vista no anda bien ? EL CONDE . ( Se levanta . ) Mal estamos hoy . . . Toda la mañana he notado una obscuridad , una vaguedad en los objetos . . . ( Mirando en derredor , con ojos que se esfuerzan en ver . ) No veo nada . . . apenas distingo . . . ( Fijándose en la Condesa que , altanera , le clava la mirada . ) No veo bien más que a Lucrecia . . . a esa , sí . . . la veo . . . allí está . . . Mi ceguera creciente no me permite ver más que las cosas grandes . . . el mar , la inmensidad . . . y ella es grande . . . enorme . . . la veo . . . como el mar . . . Es otro mar , un mar de . . . de . . . de . . . ( Su voz se extingue . Queda inmóvil y rígido . Profundo silencio . Todos se miran . ) FIN DE LA JORNADA SEGUNDA JORNADA TERCERA ESCENA PRIMERA NELL , DOLLY , D . PÍO CORONADO , sentados los tres alrededor de una mesa de estudio , donde se ven papeles , tintero , libros de texto . Es el maestro de las niñas de Albrit un anciano de estatura menguada , muy tieso de busto y cuello , y algo dobladito de cintura , las piernas muy cortas . La expresión bonachona de su rostro no lograron borrarla los años con todo su poder , ni los pesares domésticos con toda su gravedad . Guiña los ojuelos , y al mirar de cerca sin anteojos , los entorna , tomando un cariz de agudeza socarrona , puramente superficial , pues hombre más candoroso , puro y sin hiel no ha nacido de madre . Un rastrojo de bigote de varios colores , recortado como un cepillo , cubre su labio superior . Viste con pobreza limpia anticuadas ropas , recompuestas y vueltas del revés , atento siempre al decoro de la presencia en público . Maestro de escuela jubilado , desempeñó con eficacia su ministerio durante treinta años , distinguiéndose además como profesor privado de materias de la primera y segunda enseñanza . Su defecto era la flojedad del carácter , y la tolerancia excesiva con la niñez escolar . Sabía el hombre todo lo que saber necesita un maestro , y algo más ; pero con la edad y las inauditas adversidades que le agobiaban , fue perdiendo los papeles , y hasta la afición . Su cabeza llegó a pertenecer al reino de los pájaros ; su memoria era una casa ruinosa y desalojada , en la cual ninguna idea podía encontrar aposento ; todo lo que perdía en ciencia lo ganaba en debilidad y relajación del carácter . En esta situación le designó D . Carmelo para maestro de las niñas de Albrit , teniendo en cuenta tres razones : que si no sabía mucho , no había en Jerusa quien le aventajara ; que era honrado , honesto , absolutamente incapaz de enseñar a sus discípulos ninguna cosa contraria a la moral , y , por último , que al aceptarle para aquel cargo realizaba la Condesa un acto caritativo . Su bondad , la excesiva blandura de corazón , eran ya en Coronado un defecto , casi un vicio , por lo cual , lamentándose de sus acerbas desdichas , solía decir , elevando al cielo los ojos y las palmas de las manos : « ¡ Señor , qué malo es ser bueno ! » Al comenzar la escena llevaba ya el maestro una hora de inútiles tentativas para introducir en las molleras de sus alumnas los conocimientos históricos , aritméticos y gramaticales . DOLLY , dando un golpe en la mesa . ¿ Que no sé una palabra ? Mejor . . . Ni falta que me hace . D . PÍO , apelando a la emulación . No dirá lo mismo Nell , que desea aprender .
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