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La madre mostraba al niño la paloma , y el niño en su afán de cogerla , abría los ojos , estiraba los bracitos , reía gozoso ; y su rostro al sol tenía como un nimbo ; y la madre con la tierna beatitud de sus miradas , con su esbeltez solemne y gentil , con la aurora en las pupilas y la bendición y el beso en los labios , era como una azucena sagrada , como una María llena de gracia , irradiando la luz de un candor inefable . El niño Jesús , real como un Dios infante , precioso como un querubín paradisíaco , quería asir aquella paloma blanca , bajo la cúpula inmensa del cielo azul . Ricardo descendió , y tomó el camino de su casa . VI LA CABEZA Por la noche , soñando aún en sus oídos la música del Odeón y los parlamentos de Astol ; de vuelta de las calles donde escuchara el ruido de los coches y la triste melopea de los « tortilleros » , aquel soñador se encontraba en su mesa de trabajo , donde las cuartillas inmaculadas estaban esperando las silvas y los sonetos de costumbre , a las mujeres de los ojos ardientes . ¡ Qué silvas ! ¡ Qué sonetos ! La cabeza del poeta lírico era una orgía de colores y de sonidos . Resonaban en las concavidades de aquel cerebro martilleos de cíclope , himnos al son de tímpanos sonoros , fanfarrias bárbaras , risas cristalinas , gorjeos de pájaros , batir de alas y estallar de besos , todo como en ritmos locos y revueltos . Y los colores agrupados , estaban como pétalos de capullos distintos confundidos en una bandeja , o como la endiablada mezcla de tintas que llena la paleta de un pintor . . . VII ACUARELA Primavera . Ya las azucenas floridas y llenas de miel han abierto sus cálices pálidos bajo el oro del sol . Ya los gorriones tornasolados , esos amantes acariciadores , adulan a las rosas frescas , esas opulentas y purpuradas emperatrices ; ya el jazmín , flor sencilla , tachona los tupidos ramajes como una blanca estrella sobre un cielo verde . Ya las damas elegantes visten sus trajes claros , dando al olvido las pieles y los abrigos invernales . Y mientras el sol se pone , sonrosando las nieves con una claridad suave , junto a los árboles de la Alameda que lucen sus cumbres resplandecientes , su esbeltez solemne y sus hojas nuevas , en un polvo de luz , bulle un enjambre humano , en un ruido de música , cuchicheos vagos y palabras fugaces . He aquí el cuadro . En primer término está la negrura de los coches que esplende y quiebra los últimos reflejos solares ; los caballos orgullosos con el brillo de sus arneses , con sus cuellos estirados e inmóviles de brutos heráldicos ; los cocheros taciturnos , en su quietud de diferentes , luciendo sobre las largas libreas los botones metálicos flamantes ; y en el fondo de los carruajes , reclinadas como odaliscas , erguidas como reinas , las mujeres rubias de los ojos soñadores , las que tienen cabelleras negras y rostros pálidos , las rosadas adolescentes que ríen con alegría de pájaro primaveral ; bellezas lánguidas , hermosuras audaces , castos lirios albos y tentaciones ardientes .
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