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¿ Faltaba su opinión ? Pues bien , ante la selva enorme y sonora , bajo el azul sagrado , el asno movió la cabeza de un lado a otro , grave , terco , silencioso , como el sabio que medita . Entonces , con su pie hendido , hirió el sátiro el suelo , arrugó su frente con enojo , y sin darse cuenta de nada , exclamó , señalando a Orfeo la salida de la selva : — ¡ No . . . ! Al vecino Olimpo llegó el eco , y resonó allá , donde los dioses estaban de broma , un coro de carcajadas formidables que después se llamaron homéricas . Orfeo salió triste de la selva del sátiro sordo y casi dispuesto a ahorcarse del primer laurel que hallase en su camino . No se ahorcó , pero se casó con Eurídice . LA NINFA ( CUENTO PARISIENSE ) En el castillo que últimamente acaba de adquirir Lesbia , esta actriz caprichosa y endiablada que tanto ha dado que decir al mundo por sus extravagancias , nos hallábamos a la mesa hasta seis amigos . Presidía nuestra Aspasia , quien a la sazón se entretenía en chupar , como niña golosa , un terrón de azúcar húmedo , blanco , entre las yemas sonrosadas . Era la hora del chartreuse . Se veía en los cristales de la mesa como una disolución de piedras preciosas , y la luz de los candelabros se descomponía en las copas medio vacías , donde quedaba algo de la púrpura del borgoña , del oro hirviente del champaña , de las líquidas esmeraldas de la menta . Se hablaba con el entusiasmo de artistas de buena pasta , tras una buena comida . Eramos todos artistas , quien más , quien menos ; y aun había un sabio obeso que ostentaba en la albura de una pechera inmaculada , el gran nudo de una corbata monstruosa . Alguien dijo : — ¡ Ah , sí , Fremiet ! — Y de Fremiet , se pasó a sus animales , a su cincel maestro , a dos perros de bronce que , cerca de nosotros , uno buscaba la pista de la pieza , y otro , como mirando al cazador , alzaba el pescuezo y arbolaba la delgadez de su cola tiesa y erecta . ¿ Quién habló de Mirón ? El sabio , que recitó en griego el epigrama de Anacreonte : « Pastor , lleva a pastar más lejos tu boyada , no sea que creyendo que respira la vaca de Mirón , las quieras llevar contigo » . Lesbia acabó de chupar su azúcar , y con una carcajada argentina : — ¡ Bah ! Para mí los sátiros . Yo quisiera dar vida a mis bronces , y si esto fuese posible , mi amante sería uno de esos velludos semidioses . Os advierto que más que a los sátiros adoro a los centauros ; y que me dejaría robar por uno de esos monstruos robustos , sólo por oir las quejas del engañado , que tocaría su flauta lleno de tristeza . El sabio interrumpió : — Los sátiros y los faunos , los hipocentauros y las sirenas , han existido como las salamandras y el ave Fénix . Todos reímos ; pero entre el coro de carcajadas , se oía irresistible , encantadora , la de Lesbia , cuyo rostro encendido , de mujer hermosa , estaba como resplandeciente de placer .
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