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III Conforme adelantaba el día , los rayos del sol , metiéndose por las altas rejas , sesgaban y triangulaban la cuadra del calabozo . En aquellas horas , el vaho de tabaco y catinga era de una crasitud pegajosa . Los más de los presos adormecían en sus hamacas , y al rebullirse alzaban una nube de moscas , que volvía a posarse apenas el bulto quedaba inerte . En corros silenciosos otros prisioneros se repartían por los rumbos del calabozo , buscando los triángulos sin sol . Eran raras las pláticas , tenues , con un matiz de conformidad para las adversidades de la fortuna : Las almas presentían el fin de su peregrinación mundana , y este torturado pensamiento de todas las horas revestíalas de estoica serenidad . Las raras pláticas tenían un dejo de olvidada sonrisa , luz humorística de candiles que se apagan faltos de aceite . El pensamiento de la muerte había puesto en aquellos ojos , vueltos al mundo sobre el recuerdo de sus vidas pasadas , una visión indulgente y melancólica . La igualdad en el destino determinaba un igual acento en la diversidad de rostros y expresiones . Sentíanse alejados en una orilla remota , y la luz triangulada del calabozo realzaba en un módulo moderno y cubista la actitud macilenta de las figuras . SEXTA PARTE ALFAJORES Y VENENOS LIBRO PRIMERO LECCIÓN DE LOYOLA I El indio triste que divierte sus penas corriendo gallos , susurra por bochinches y conventillos justicias , crueldades , poderes mágicos de Niño Santos . El Dragón del Señor San Miguelito le descubría el misterio de las conjuras , le adoctrinaba . ¡ Eran compadres ! ¡ Tenían pacto ! ¡ Generalito Banderas se proclamaba inmune para las balas por una firma de Satanás ! Ante aquel poder tenebroso , invisible y en vela , la plebe cobriza revivía un terror teológico , una fatalidad religiosa poblada de espantos . II En San Martín de los Mostenses era el relevo de guardias , y el fámulo barbero enjabonaba la cara del Tirano . El Mayor del Valle , cuadrado militarmente , inmovilizábase en la puerta de la recámara . El Tirano , vuelto de espaldas , había oído el parte sin sorpresa , aparentando hallarse noticioso : — Nuestro Licenciadito Veguillas es un alma cándida . ¡ Está bueno el fregado ! Mayor del Valle , merece usted una condecoración . Era de mal agüero aquella sorna insidiosa . El Mayor presentía el enconado rumiar de la boca : Instintivamente cambió una mirada con los ayudantes , retirados en el fondo , dos lagartijos con brillantes uniformes , cordones y plumeros . La estancia era una celda grande y fresca , solada de un rojo polvoriento , con nidos de palomas en la viguería . Tirano Banderas se volvió con la máscara enjabonada . El Mayor permanecía en la puerta , cuadrado , con la mano en la sien : Había querido animarse con cuatro copas para rendir el parte , y sentía una irrealidad angustiosa : Las figuras , cargadas de enajenamiento , indecisas , tenían una sensación embotada de irrealidad soñolienta . El Tirano le miró en silencio , remejiendo la boca : Luego , con un gesto , indicó al fámulo que continuase haciéndole la rasura . Don Cruz , el fámulo , era un negro de alambre , amacacado y vejete , con el crespo vellón griseante : Nacido en la esclavitud , tenía la mirada húmeda y deprimida de los perros castigados . Con quiebros tilingos se movía en torno del Tirano : — ¿ Cómo están las navajas , mi jefecito ? — Para hacerle la barba a un muerto . — ¡ Pues son las inglesas ! — Don Cruz , eso quiere decir que no están cumplidamente vaciadas .
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