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— Hola , socio , — voceó , regresando , el de peor estampa — ; nos mandó Barrera a quitate la mercancía , y es mejó que te largues con ella . Quedás notificao : ¡ lejos con ella ! ¡ Si no te la quitamos ahora , es po lo poquita y lo cara ! — ¿ Y quitarla por qué ? — indagó don Rafo . — ¡ Por la competencia ! — ¿ Crees tú , infeliz , que este anciano está solo ? — prorrumpí , empuñando un cuchillo , entre los aspavientos de las mujeres . — Mirá — repuso el hombre — por sobre yo , mi sombrero . Por grande que sea la tierra , me quema bajo los pies . Con vos no me toy metiendo . ¡ Pero si querés , pa vos también hay ! Espoleando el potro , me tiró a la cara los objetos comprados y galopó con sus compañeros a lo largo de la llanura . Esa noche , como a las diez , llegó Fidel Franco a la casa . Aunque la embarcación se deslizaba sin ruido sobre el agua profunda , los gozques la sintieron y al instante cundió la alarma . — Es Fidel , es Fidel — decía la niña Griselda , tropezando en nuestros chinchorros . Y salió al patio en camisola , envuelta desde la cabeza en un pañolón oscuro , seguida de don Rafael . Alicia , asustada en las tinieblas , empezó a llamarme desde su cuarto : — Arturo , ¿ sentiste ? ¡ Ha llegado gente ! — ¡ Sí , no te afanes , no vengas ! Es el dueño de la casa . Cuando en franela y sin sombrero salí al aire libre , iba un grupo bajo los platanales llevando un hachón encendido . La cadena de la curiara sonó al atracar y desembarcaron dos hombres armados . — ¿ Qué ha pasado por aquí ? — dijo uno , abrazando secamente a la niña Griselda . — ¡ Náa , náa ! ¿ Por qué te aparecés a semejante hora ? — ¿ Qué huéspedes han llegado ? — Don Rafael y dos compañeros , hombre y mujé . Franco y don Rafo , después de un apretón amistoso , regresaron con los del grupo hacia la cocina . — Me vine alarmadísimo porque esta noche al yegar al hato con la torada supe que Barrera había mandado una comisión . No querían prestarme cabayo , pero apenas comenzó la « juerga » me traje la curiara de ayá . ¿ A qué vinieron esos forajidos ? — A quitarme el « chucho » — repuso humildemente don Rafo . — ¿ Y qué pasó , Griselda ? — ¡ Na ! Si má , hay camorra , porque el « guatecito » se les encaró « cachiblanco » en mano . ¡ Un horror ! ¡ Nos hizo chiyá ! — Seguí pa dentro — agregó de repente la patrona , lívida , trémula , y mientras les daban el trago de café — guindá tu chinchorro en el correor , porque toy en el cuarto con la doña . — De ningún modo : Alicia y yo nos alojaremos en la enramada — dije avanzando hacia el corrillo . — Usté no manda aquí — replicó la niña Griselda esforzándose por sonreír — . Venga , conozca a este yanero , que es el mío . — Servidor de usted — repuse devolviendo el abrazo . — ¡ Cuente conmigo ! Basta que usted sea compañero de don Rafael . — ¡ Y si vieras con qué trozo de mujé se ha enyugao ! ¡ Coloraíta que ni un merey ! ¡ Y las manos que tiene pa cortá la sea , y lo modosa pa enseñá ! — Pues manden a sus nuevos criados — repetía Franco .
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